ANIVERSARIO DE LA FACULTAD DE BIOLOGÍA
Beques, 30 de noviembre de 2002
Querida Nuria:
Como puedes suponer, hemos mirado con gran atención las fotografías que nos has enviado de tu estancia en Miami, motivada por el simposio sobre últimos avances en la farmacología de las insuficiencias venosas crónicas. Supongo que tu foto con un caimán en brazos debe ser una cosa obligada.
Supongo también que te invitaron para que mostraras gracias a tu espectacular videomicroscope la formación de nuevos vasos en el coroide de rata. La inhibición in vitro del crecimiento por efecto del dobesilato de
calcio es sorprendente. Supongo que tu trabajo está en línea con los nuevos y esperanzadores avances para tratar la rinopatía del diabético. Llama mucho la atención la selectividad de este efector artificial sobre el sistema capilar del ojo.
Este año se celebra el 50 aniversario de la carrera de Biología en la Universidad española, la de tu ordenación académica. Yo todavía soy de Ciencias Naturales. Con este motivo, en la Facultad de Biología de Barcelona se ha presentado una exposición conmemorativa, que tiene carácter itinerante entre todas las Facultades de Biología del Estado. Durante su paso por Barcelona también se han celebrado una serie de actos académicos. En uno de ellos se hizo una especie de sinopsis «de dónde venimos, quiénes somos y dónde vamos», en un intento de abrir un debate entre estudiantes y profesores. Como era de esperar, me tocó hacer de ponente para exponer el «de dónde venimos». Digo que era de esperar, pero no por mi supuesta fama de historiador amateur, sino por la encantadora situación de llevar en la espalda más años de profesor que los que tiene la propia Facultad de Biología. Hace treinta años, en el VI Coloquio de la Sociedad Catalana de Biología me habían encargado una ponencia acerca de «Hacia dónde va la biología moderna». Ahora es obvio que adónde vamos deben saberlo mejor otros. Qué quieres que te diga, quizá sea cierto.
Los científicos de mi generación, en líneas generales, son los que han vivido en la segunda mitad del siglo XX. Por lo que se refiere a los biólogos, los genuinos éramos licenciados en Ciencias Naturales, en una u otra de las correspondientessecciones de las Facultades de Ciencias de Madrid o de Barcelona. En el Estado español no había ninguna otra. Por otra parte, hay que tener en cuenta que también había biólogos que procedían de otras carreras: medicina, farmacia, agrónomos, veterinarios y aficionados de otros orígenes, como algunos eclesiásticos con una sólida formación recibida en el extranjero.
Por lo que se refiere al contexto catalán, la perspectiva de los biólogos de hace cincuenta años está marcada por el dique que les separaba de sus colegas anteriores a la Guerra Civil. Para ellos, como para mí mismo, lo que se llama la Renaixença y el Modernisme ya eran muy lejanos y casi legendarios, pero el Noucentisme y la Segunda República pesaban mucho más y siempre habían estado más o menos presentes en nuestra consciencia, frecuentemente como ideales colectivos, quizá fracasados o malogrados, pero misteriosamente atractivos. Incluso los maestros más respetados por nosotros —los que tuvimos realmente— lo eran en gran medida por el grado de conexión directa
que tenían con los protagonistas de aquella especie de intento o preludio de lo que podía haber sido una edad de oro. Yo mismo sucedí al Dr. Trueta, figura destacada a nivel internacional de la que tantas veces te he hablado, como presidente de la Sociedad Catalana de Biología aún en la clandestinidad. Y un discípulo mío, hoy catedrático en nuestra Facultad, pudo hacer la tesis en el Departamento de Patología del Albert Einstein College de Nueva York, del que entonces era directora la viuda de Duran Reynals. Éste es otra figura señera de la época que precedió a la que estoy tratando.
Cuando entramos en escena, teníamos clara conciencia de que había habido una diáspora de biólogos catalanes, así como un exilio interior de muchos otros que podíamos ver por la calle. Me refiero al llamado periodo de autarquía de los años cuarenta y cincuenta, al que seguiría el «desarrollismo» y luego la etapa más larga de modernización o, si quieres, de normalización. Las Facultades de Biología surgieron en España durante el desarrollismo.
En el periodo de autarquía encontramos una Universidad realmente enclenque. Ello no era obstáculo para que nos introdujéramos en ella con ilusión de futuro, por cansados que estuviéramos de oir que las carreras científicas y literarias no
servían más que para dar clases, clases de bachillerato, naturalmente. En aquel tiempo, plantearse las posibilidades que existen hoy hubiera sido completamente utópico. Un poco más tarde, para los que teníamos apego a la investigación científica, la aparición del CSIC representó una esperanza atractiva. Como sabes, yo mismo pertenezco a la generación de los primeros colaboradores científicos del CSIC, tras reñidas oposiciones estatales en el año 1958.
Con el desarrollismo llegaría la reforma educativa, y una verdadera explosión del sistema universitario español que, a través de muchas vicisitudes, incluyendo la LRU y el cambio político, tres décadas más tarde culminaría en lo que tenemos hoy. Lo que tenemos ya no es muy diferente de lo que conocíamos en otros países, que cincuenta años atrás nos llevaban años luz de ventaja —o al menos eso nos parecía— sobre todo en recursos materiales y humanos. Por otra parte —hay que puntualizarlo—, con la escasez que se quiera, aquí siempre había habido profesionales competentes y figuras destacadas prácticamente en todos los campos, y la Biología no es una excepción. El progreso ha sido evidente, indiscutible, pero no se trata de haber pasado de un desierto a los jardines del Edén. Ver en el pasado tan poca cosa como a veces se dice es un error.
No hace falta precisar que el camio al que me refiero no ha sido exclusivo de Cataluña, sino de todo el Estado, aunque no haya ido siempre acompasado. Desde el punto de vista social, es posible que constituya un progreso sin precedentes en la historia moderna de España.
Toda mi vida activa como catedrático de Microbiología en la Facultad de Biología de la Universidad de Barcelona se ha desarrollado a lo largo de esos cincuenta años. Nuestra Facultad tuvo una gran fuerza innovadora en sus inicios,e influyó en todo el Estado. Su propia creación, independizándose de la Facultad de Geología, fue una iniciativa que partió de aquí, y fue un paso decisivo para la dotación de las nuevas cátedras de Genética, Microbiología y Ecología, que dieron un giro fundamental a toda la enseñanza. La innovación anterior de la Edafología, que nos llegó de fuera, pronto perdió relevancia. Luego vinieron la Bioestadística, después de un intento fallido de mejorar la formación matemática de los biólogos, y la Bioquímica, separada de las Fisiologías, en un proceso complicado a causa de la intersección con la Facultad de Química, sobre todo después de la creación de las áreas departamentales. En nuestra Universidad, las Divisiones establecieron una frontera artificial con las disciplinas equivalentes de Farmacia y Medicina, no solamente en la Bioquímica, sino también en otras áreas como la Microbiología.
Durante sus primeros veinte años de vida, la Biología de Barcelona tuvo un peso relativo muy grande, que poco a poco —hay que admitirlo— se iría diluyendoen el contexto del desarrollo general de las Facultades de Biología de la Universida española. Hubo una época en la que venían estudiantes de otros distritos, atraídc por el prestigio de la Facultad y por sus programas innovadores, que luego s generalizaron, siendo especialmente adoptados por las Facultades de nueva creación
La primera parte del periodo al que me estoy refnriendo incluye también 1 época dorada del CSIC, muy por debajo de la que tuvo en Madrid, pero tambié importante aquí ya que, además de los numerosos centros adscritos, se crearo otros centros propios como el Instituto de Investigaciones Pequeras, hoy Ciencia del Mar, y el Centro de Investigación y Desarrollo. Es también la época de creació de la nueva Universidad Autónoma de Barcelona, y de una decidida volunta política de recuperación de las figuras supervivientes del exilio exterior, así com de las nuevas promesas formadas en el extranjero. Varias cátedras de la entonces Sección de Biología de la Facultad de Ciencias recibieron ayuda económic discrecional para financiar estancias de profesores extranjeros. Visto desde 1 perspectiva de hoy, uno no puede dejar de pensar que tal vez no supimos aprovecha del todo las posibilidades de aquella época.
En la década de los años cincuenta ya se había configurado mi vinculacid definitiva a la Microbiología. Mucho antes, quizá cuando aún no había empezad la carrera universitaria, ya había descubierto por casualidad los corpúsculi birrefringentes de los ciliados. Fue en el antiguo Gabinete de Física de la Mento] Alsina, utilizando casualmente un microscopio polarográfico. Años más tare hablaría del tema con algunos de mis profesores, que no los habían visto nunca pese a conocer bastante bien los protozoos. Con algunos de ellos hicimos un trabaj sistemático de exploración directa y meticulosa revisión bibliográfica. Cuand estábamos ultimando la publicación del trabajo, el entonces joven Margalef, famoso pero aún no graduado, nos vino con una publicación muy reciente de u protozoólogo francés, que hablaba del tema como un descubrimiento sorprenden, de un fenómeno hasta entonces desapercibido, pese al gran número de estudie detallados que se habían hecho sobre los protozoos desde el siglo XIX. Publicamo nuestro trabajo, porque era más vasto que el del profesor francés, pero nunca n preocupé de seguir esta linea de investigación. Algunos especialistas se interesar( más tarde por el mismo tema, pero el hecho es que no llegaron mucho más lejos Lamentablemente, después de medio siglo, ahora me doy cuenta de que no 1 podido aprender nada más de esos corpúsculos birrefringentes de los ciliado Quedaría como un testimonio de la fascinación que ejercían los seres vivos m pequeños en nuestra generación y en la anterior, debido al convencimiento de qi eran esenciales para progresar en la comprensión de la materia viva y de
desarrollo sobre la Tierra. De hecho, el microbio influyó extraordinariamente sobre toda la biología en aquella época.
En los años cincuenta se podía notar aquí, como en toda España, un nivel relativamente alto de la citología y la histología clásicas, subyacente al fenómeno Cajal. En nuestro entorno también estaba de moda la Citogenética, sobre todo por lo que se refiere a Drosophila y las plantas cultivadas. El uso habitual del contraste de fase era una novedad, acompañada de una cierta espera angustiosa de la microscopía electrónica. Según parece, el primer microscopio electrónico que llegó a Barcelona —para el Dr. Xalabarder en los Dispensaris Blancs— había sido pasado de contrabando, aprovechando la vuelta de un viaje al extranjero de la Orquesta Municipal de Barcelona, con la complicidad del maestro Toldrá. Al menos, ésta era la historia que circulaba entonces.
De la Facultad de aquellos tiempos hay que señalar la solidez de la botánica catalana, que venía de lejos, vinculada a nombres tan ilustres como Cadavall, Font i Quer y Bolós. También hay que recordar al entomólogo Español. Estaba en alza la biología marina, bajo la promoción de García del Cid. Por lo que respecta a la Antropología, la escuela de Alcobé habría de hacerse célebre. Era la época de Caballero hijo, discípulo de Bustinza en Madrid. Éste había sido discípulo de Fleming, y logró fama a causa de su amistad con él, que duró toda la vida. También recuerdo que se hizo famoso Crusafont como expresión relevante del theilardismo.
En el mundo del que te estoy hablando, la Bacteriología se veía más que nada como una técnica y una cocina particulares, eso sí, con aplicaciones extraordinariamente útiles para el hombre tras la gran obra de Pasteur y Koch, base de una transformación radical de la sanidad. La expresión catalana de este fenómeno fue el Laboratorio Municipal de Barcelona, con Jaume Ferran, Ramon Turró y Pere González, y todo el brillante elenco de discípulos de los dos primeros. Es verdaderamente memorable como base del desarrollo de la sanidad en Cataluña, que en algunos momentos llegó a alcanzar un nivel muy avanzado y reconocido por doquier. El papel del Laboratorio Municipal como sede de la Microbiología en nuestro país sobreviviría a la guerra civil. Sin embargo, profundamente trastocado por diversas calamidades, el Laboratorio Municipal llegaría a nuestros días casi como un recuerdo del pasado, asociado sobre todo a un noucentisme mítico. Resulta un poco irónico que haya sido la Universitat Pompeu Fabra, creada a finales del siglo XX como universidad pública catalana y de élite, la que decidiera derruir su antiguo edificio, único testimonio arquitectónico en nuestro país de la época de Pasteur. No sirvió de nada que algunos, como yo mismo, pusiéramos el grito en el cielo para evitarlo. Con la desaparición del Laboratorio Municipal, laremodelación del Hospital del Mar y la práctica extinción del Laboratorio Experimental de Terapéutica Inmunológica, en Barcelona ya no queda ni la más pequeña reliquia de los centros en los que se desarrolló la microbiología médica en Cataluña, y desde donde se introdujo en España y en América Latina. Requiescant in pace.
Lo que acabo de contarte me trae a la memoria las visitas a España primero de Fleming y luego de Waksman, un poco esperpénticas y tal vez como unas fiestas rezagadas de fnnales del siglo XIX. Naturalmente, también me recuerda el desarrollo industrial de las sulfamidas, así como la primera obtención de penicilina a pequeña escala. Todo ello fue el inicio de una gran actividad sanitaria e industrial, que precedieron al «desarrollismo». Sin una cosa y otra no habríamos llegado a la modernización efectiva del país, ni a lo que se llama estado del bienestar.
Después de la etapa pasteuriana y la de los antibióticos y quimioterápicos de síntesis, la obra de Kluyvert y van Niel en la Politécnica de Delft, continuando la iniciada a principios del siglo XX por Beijerinck, y el hito concreto del Congreso de Bruselas del año 1955, significaron un gran cambio de época en el conocimiento de los microbios. Dicho cambio aún era reciente en el momento de formar mi propia visión global de la Microbiología, sobre la que se asentaría y se desarrollaría mi actividad docente y de investigación en esta Facultad de Biología de Barcelona, hasta llegar a la apoteosis de la escala molecular coincidiendo con mi jubilación.
No hace falta que te recuerde que la actividad a la que me refería siempre estuvo complementada por la enseñanza y el estudio de la Historia de la Ciencia, continuando la tradición iniciada en 1899 por Odón de Buén, el primer catedrático de Historia Natural de la Universidad de Barcelona. Como ya te he contado en una carta anterior, Odón de Buén fue el gran mensajero del darwinismo en nuestro país.
La Historia viene a ser en la evolución cultural el equivalente del genoma en la evolución biológica, es decir, una preformación del mundo intelectual que encontraremos en nuestra existencia, y a partir del cual surgirán todas las innovaciones, imposibles partiendo de cero. Más tarde, muchas serán desestimadas y otras no, continuando un proceso progresivo e irreversible.
Afectuosamente,










