EL FLORECIMIENTO DE LA MEDICINA GRIEGA EN EL SIGLO V A. C.
Begues, 7 de agosto de 1983
Querida Nuria,
Hasta ahora hemos hablado de hombres de la antigua Grecia que no dejaron nada escrito, de otros cuyos escritos se han perdido totalmente y por último de aquellos de los que sólo conocemos una serie más o menos extensa de fragmentos. Por desgracia, los escritos de los pensadores griegos anteriores a Platón pueden considerarse prácticamente perdidos para nosotros. Los únicos libros de esa época que han llegado hasta nosotros de una forma razonablemente intacta son los tratados médicos de la escuela hipocrática, la mayoría de los cuales fueron escritos en el siglo V a.C.. En el mundo erudito se suele hablar del «Corpus Hippocraticum», un conjunto de cincuenta a cien libros, según la ordenación que se efectúe de los diferentes manuscritos. Una de las ediciones modernas más completas es la de Litré (1839-1861), que consta de setenta obras, aunque algunas de ellas se consideran apócrifas. De hecho, son los escritos más antiguos que tú y yo podemos consultar para tratar de analizar aspectos de la cultura griega que puedan estar relacionados con la perspectiva histórica de la Ciencia.
Estamos ante unos textos que, según los filólogos, tienen en común el haber sido escritos en prosa y en jonio, una forma dialectal del griego clásico. En ninguno de ellos hay indicaciones acerca del autor, a diferencia de lo que sucede con las obras de Platón y Aristóteles. Estudiando cuidadosamente el estilo gramatical y el contenido mismo, los especialistas han concluido que hay libros de diferentes autores y que no todos fueron escritos en la misma época.
Los tratados hipocráticos son citados por muchos autores de la antigüedad, tanto contemporáneos como posteriores. Entre los inmediatamente posteriores podemos incluir a Platón y a Artistóteles. Todo parece indicar que originalmente los tratados hipocráticos formaban parte de la biblioteca de la antigua escuela médica de Cos.
Quizá recordarás que el segundo rey de la dinastía griega de Egipto fue Tolomeo Filadelfo (285-247 a.C.), que fundó la célebre Bilioteca o Museo de Alejandría. Se dice que llegó a contener más de medio millón de tratados y a ella fue a parar la colección hipocrática. Ten en cuenta que se trataba de originales o copias escritas en rollos de papiro. El incendio de la Biblioteca de Alejandría en el año 47 de
nuestra era destruyó la mayor parte. No obstante, se emprendió una recuperación inmediata y, según los comentaristas, entre las obras recuperadas había más de cincuenta obras hipocráticas. Se conservaron hasta el siglo IV, en el que se produjo la destrucción definitiva del Museo.
En el siglo 11, Galeno tuvo la oportunidad de conocer directamente casi todas las obras hipocráticas e hizo comentarios acerca de la mayoría. De ahí que la obra de Galeno sea una de las mejores fuentes que han llegado hasta nosotros sobre la antigua medicina griega.
Parece que en Alejandría la recopilación de tratados hipocráticos se hizo sobre textos dispersos, conocidos por una minoría. Es probable que las recopilaciones posteriores sean fragmentarias y cada vez más pobres y adulteradas. Estudiando las alusiones a otras obras que aparecen en los textos conservados, se llega a la conclusión de que unos veinticinco tratados hipocráticos ya se habían perdido antes del primer agrupamiento en Alejandría.
El «Corpus Hippocraticum» es sin duda un monumento memorable de la cultura occidental y aún hoy es objeto de estudio. Algunas de sus obras, como «El mal sagrado» o «La antigua medicina», están entre los libros que toda persona culta debe haber leído. Por tanto, te recomiendo que lo hagas, sobre todo teniendo en cuenta que de ambas hay magníficas traducciones.
Como puedes suponer, la importancia de las obras hipocráticas en la Historia de la Medicina es enorme. No se puede decir lo mismo con respecto a la Historia de la Ciencia; no olvides que la medicina estrictamente científica no empieza hasta mediados del siglo pasado. De todos modos, a lo largo de toda la historia hay una influencia recíproca extraordinaria entre el desarrollo del pensamiento científico y el de la medicina. Además, en todas las épocas ha habido médicos que han desarrollado una tarea científica general de gran importancia.
El «Corpus Hippocraticum» es posiblemente un testimonio del florecimiento de la medicina griega en los siglos V y IV a.C.. Debía haber otros escritos médicos y es corriente que autores de la época, como Xenofonte y Aristóteles, hagan referencia a ellos. Permíteme que como ejemplo te transcriba un fragmento de la obra «Etica a Nicómaco»: «Porque no parece que los médicos lleguen a serlo gracias a unos escritos, aunque dichos escritos intenten exponer los tratamientos y la manera en que han de practicarse las técnicas y cómo han de hacerse los tratamientos particulares, de acuerdo con cada temperamento. Estas enseñanzas sólo son útiles, según parece, para las personas que ya tienen experiencia y, por otra parte, son inútiles para las que no la tienen.» Fíjate, pues, en la abundancia de escritos médicos en esa época. Date cuenta también de que su destino no era el gran público sino el profesional.
Sobre todo gracias a Galeno sabemos que hubo dos escuelas rivales muy importantes, una en Cos y otra en Cnido, dos islas próximas a la costa de Asia Menor. Parece que también hubo una en Rodas, quizá de menor importancia. Además, en la misma época hay que anotar una cuarta escuela médica en Italia meridional, donde hemos de situar al mismísmo Empédocles y a algunos pitagóricos. Es posible que la colección hipocrática contenga una mezcla de escritos de las escuelas de Cos y de Cnido. Es difícil juzgar la importancia relativa de estas escuelas porque en lo que nos ha llegado de ellas no hay nada comparable al «Corpus».
El origen de las mencionadas escuelas médicas debemos buscarlo en una tradición más antigua de carácter religioso. Su patrón era el dios Esculapio y en los templos dedicados a él se ejercía una medicina de carácter traumatúrgico. No se sabe cómo la práctica médica se fue secularizando progresivamente, aunque conservara una especie de carácter gremial muy cerrado. Genéricamente los médicos se llamaban asclepíades o descendientes de Esculapio y se agrupaban en una especie de clanes bajo vínculos muy estrictos.
Además del ritual del antiguo templo de Esculapio, hay que mencionar otras fuentes de la medicina griega. Por ejemplo, la influencia de la medicina egipcia es indudable. Pese a lo poco que ha llegado directamente hasta nosotros, podemos asegurar que la medicina egipcia tuvo un gran desarrollo, independiente de las prácticas religiosas. Otras influencias importantes son de pensadores de los que hemos hablado en cartas anteriores. Tanto una cosa como otra se ponen claramente de manifiesto en los propios textos hipocráticos.
Algunos autores señalan que es muy posible que la medicina griega se desarrollara también por la práctica de los instructores de gimnasia y, como en Egipto y Babilonia, por la experiencia en el tratamiento de las heridas y traumatismos de guerra. Hay que añadir la influencia de la evolución del arte culinario, del que el médico hipocrático extraerá una dieta especifica como principal instrumento terapeútico.
Esta carta podría llevar por título «El florecimiento de la medicina griega en el siglo V a.C.». Dedicaremos la próxima a hablar más específicamente de la aportación hipocrática a la historia del pensamiento científico.
Confío en haber despertado un poco tu curiosidad intelectual.
Afectuosamente,
fueron escritos por él. Tal es el caso de «El mal sagrado», «Fístulas», «Hemorroides», «Afecciones internas», «Úlceras», «Vientos», «Fetos de siete meses», «Sueños» y algunos más.










