EL MÁS GRANDE NATURALISTA DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA

EL MÁS GRANDE NATURALISTA DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA
Begues, 10 de septiembre de 1983
Querida Nuria:
La carta anterior podía haberse titulado simplemente «Aristóteles». La de hoy es su continuación.
El tipo de alma, vegetativa, animal o racional, sirve de fundamento para la clasificación primaria de los seres vivos en los dos grandes reinos, vegetal y animal, y deja al hombre como un caso aparte en la cima de la «Scala naturae». En la clasificación de los animales, Aristóteles introduce criterios adicionales, basados en el medio en que habitan, sus costumbres y su anatomía. Por ejemplo, habla de animales terrestres y animales acuáticos. Dentro de estos últimos distingue entre los que viven permanentemente en el agua y los que salen para respirar y reproducirse, como las nutrias, los castores y los cocodrilos. También observa que, entre los animales propiamente acuáticos, unos nadan permanentemente o se dejan arrastrar por las corrientes, otros se arrastran sobre la superficie del fondo y, finalmente, algunos viven enterrados en el fango o adheridos a la superficie sumergida de las rocas. Descubre que los animales terrestres difieren en rasgos concretos de su anatomía y los separa según el tipo de órganos motores, la respiración, los órganos de los sentidos y el tipo de sangre. Finalmente, acaba formando los grupos que ya te he indicado en la carta anterior. Para que te hagas una idea más exacta del modo en que trata esta problemática, quizá valga la pena transcribirte un fragmento del libro II de la «Generación de los animales»: «No todos los bípedos son vivíparos, ya que las aves, que sólo tienen dos patas, son ovíparas. Entre los cuadrúpedos también los hay vivíparos, como los caballos, los bueyes y muchos otros, y ovíparos, como los lagartos, las largatijas y otros. Entre los animales que no tienen extremidades también encontramos vivíparos, como las víboras y los peces cartilaginosos, y ovíparos, como los restantes peces y las serpientes. Igualmente, las ballenas y los delfines son vivíparos. Vemos, pues, que no se puede establecer una relación entre los órganos de locomoción y la reproducción, ovípara o vivípara, con vistas a una ordenación en grupos.»
Además de la idea implícita de reinos, Aristóteles propone que, de forma general, los animales se pueden distribuir en tipos morfológicos o «genos» y que dentro de cada «genos» hay diferentes especies o «eidos». Es la primeravez que se establece una categoría taxonómica por encima de la especie. Linneo, en el siglo XVIII, se limitará a seguir este criterio, ampliando ordenadamente el número de categorías taxonómicas.
Aristóteles describió unas 250 especies de animales reconocibles actualmente. Llama la atención el interés que muestra por las formas acuáticas, algo que contrasta con el interés preferente de Linneo por las formas terrestres. En las descripciones de Aristóteles reconocemos animales que observó directamente y otros que sólo conocía por referencias (y cuya existencia admite sin el sentido crítico que más tarde pondría de manifiesto en sus obras filosóficas al referirse a las opiniones de otros autores). En cualquier caso, queda muy claro que Aristóteles daba por supuesto que existían muchas más formas orgánicas de las que él había tenido ocasión de observar. Sobre este punto se ha dicho que, durante su expedición a Asia, Alejandro le hizo llegar muchos animales y plantas de especies desconocidas. No se puede asegurar que fuera así realmente, pero es posible que las noticias de personas que habían participado en la conquista de los países de Oriente, y quizá las cartas del propio Alejandro, contribuyeran a un cambio en la visión de la diversidad de la vida, parecido al que se produciría después de los grandes viajes de los siglos XV y XVI.
No puedo dejar de manifestarte que, cada vez que pienso en ello, me sorprende un tipo de error que aparece en las obras naturalistas de Aristóteles. Por ejemplo, basándose en Herodoto, nos habla de una articulación entre las mandíbulas del cocodrilo y de la falta de vértebras cervicales en el león. De este último también afirma que tiene huesos sin cavidad medular y que son tan duros que al golpearse entre ellos saltan chispas. También dice que el hombre tiene más dientes que la mujer, aunque esto podría deberse a una mala interpretación de la observación directa de un hecho. No puedo creer que un hombre que distingue los mamíferos acuáticos y describe maravillosamente la reproducción del pulpo haga una afirmación de este tipo sin molestarse en contar los dientes de la boca de los hombres y mujeres que tenía a su alcance. He llegado a pensar que sólo había contado los dientes de mujeres jóvenes que aún no tenían las muelas del juicio, quizá porque las mujeres de más edad tenían con frecuencia una dentadura deteriorada que impedía saber a qué atenerse. No tengo ninguna base firme para asegurarlo, pero parece que en la antigüedad los hombres comían mucho mejor que las mujeres y generalmente vivían con más vigor y salud, aunque su vida media fuera igual o más corta, debido a la alta frecuencia de muertes violentas.
Es interesantísimo leer las observaciones de Aristóteles sobre las migraciones de las aves y las excursiones de los bancos de peces. En el tratado sobre «Las partes de los animales» sienta los principios de la anatomía comparada, encontrando
un plan común de organización entre grupos de animales diferentes. También observa que las características anatómicas presentan correlaciones; por ejemplo, nos dice que los cuadrúpedos que ponen huevos siempre tienen escamas, que los que tienen pezuñas no tienen cuernos y que, cuando hay cuernos, nunca hay colmillos. Establece magistralmente la diferencia entre peces y mamíferos acuáticos y entre tiburones y peces óseos.
Es importante la distinción que hace Aristóteles entre los animales sin sangre, los de sangre fría y los de sangre caliente, distinción que ha llegado de forma canónica hasta nuestros días. Describe extraordinariamente bien los calamares y los pulpos y también con gran minuciosidad muchos crustáceos e insectos. Resalta por primera vez la anatomía característica del estómago de los rumiantes. También describe el célebre «pez can», que durante unos días mantiene unidas a sus crías por medio de un cordón umbilical y una placenta, como ocurre en los mamíferos; es posible que una observación tan precisa de dicho animal no se repitiera hasta el siglo XIX.
Parece que Aristóteles escribió obras sobre anatomía humana, que desgraciadamente se han perdido. Para explicar las disecciones utilizaba diagramas, que tampoco han llegado hasta nosotros. Algunos de ellos han sido reconstruidos a partir de descripciones; es clásico el que se refiere al sistema genitourinario de los mamíferos, que es de una singular corrección.
Aristóteles establece tres tipos de reproducción: la sexual, la asexual y la espontánea. Esta última es, en su época, una convicción popular muy arraigada. Aristóteles la limita a los animales inferiores, idea que persistió hasta los siglos XVIII y XIX. Entre los animales inferiores Aristóteles incluye pulgas, mosquitos y algunas moscas, pero también afirma que muchos insectos como las avispas, las abejas, las langostas y determinadas moscas se reproducen sexualmente. A los moluscos los considera capaces de reproducción asexual por gemación y de
reproducción sexual.
Para la sexualidad toma como modelo al hombre y considera que el macho es «cálido» y la hembra, «fría». El primero daría la forma y la segunda, la materia o potencia. Especula sobre la fecundación, el sexo de las crías y el parecido con los progenitores, pero apenas aporta ninguna idea nueva con respecto a otros pensadores de la antigüedad, de los que ya te he dado alguna referencia.
Es curiosa la relación que Aristóteles establece entre las cualidades de la naturaleza y los tipos de organismos. Por ejemplo, dice que los mamíferos son húmedos y cálidos, respiran por pulmones y tienen crías vivíparas que crecen inmediatamente después de ser engendradas. Que los tiburones son húmedos yfríos y ponen huevos que se desarrollan dentro del propio animal. Las aves y los reptiles son secos y cálidos y ponen huevos que se desarrollan fuera del animal. Dice que los que tienen una naturaleza aún más fría dan un huevo imperfecto, que se perfecciona una vez que ha sido depositado fuera del cuerpo, como es el caso de los peces escamosos, los crustáceos y los cefalópodos. Hay un tipo aún más frío, que ni siquiera pone huevos y da una especie de gusano que más tarde se convierte en huevo, del que sale el animal perfecto en una segunda transformación. Por tanto desconoce los verdaderos huevos de los insectos. De hecho, cree que las crisálidas son los huevos de los insectos, idea que tardaría mucho tiempo en corregirse.
Uno de los estudios más bellos de Aristóteles es el desarrollo embrionario del huevo de gallina. De él deriva la idea de que el corazón es el centro del alma porque es lo primero que se mueve y, cuando se detiene, el animal muere. También estudió muy bien la reproducción del pulpo y del tiburón.
Las obras científicas de Aristóteles corresponden al periodo de Lesbos.7 De ellas se conservan diez libros sobre la «Historia de los animales», de los que tres son probablemente apócrifos, cuatro libros sobre «Las partes de los animales» y cinco libros sobre «La reproducción de los animales». Por su interés biológico, podemos añadir los tres libros del tratado «Del alma». En estos libros encontramos páginas admirables, que podrían ser escritas por un naturalista de hoy, pero también otras que nos parecen pueriles, fantásticas, excesivamente especulativas y muy alejadas de nuestra mentalidad. Se considera que estos textos, en la forma en que nos han llegado, podrían ser una amalgama entre una versión no crítica de apuntes de clase y una serie de opiniones, anécdotas y reflexiones propias del pensamiento de la época.
Aristóteles acepta los cuatro elementos y cualidades de Empédocles, la tensión entre opuestos y muchas ideas hipocráticas para explicar el «zoe». La fisiología aristotélica es muy deficiente y en algunos casos, inferior a Hipócrates y al propio Platón. Por ejemplo, los médicos hipocráticos entendieron mejor la función del cerebro, y Platón, el significado de los órganos de los sentidos.
En los animales de sangre caliente, Aristóteles ve un paralelismo entre la nutrición y la reproducción. En la primera, un determinado tejido es capaz de comunicar a la sangre sus propiedades, de forma que entonces la sangre se convierte en «tejido» nuevo. Del mismo modo, la sangre menstrual sería sangre parcialmente preparada por la madre para poderse transformar en todos los tejidos de un nuevo ser bajo la influencia del semen, que tiene la capacidad de desencadenar dicha transformación. Sea como fuere, tanto en la nutrición como en la reproducción
Algunos autores creen que son posteriores, pero la importancia del periodo de Lesbos para los estudios biológicos de Aristóteles parece indiscutible.
tiene lugar el proceso constante de la materia viva, que es el paso de la potencia a la forma. Es muy importante darse cuenta de que, para Aristóteles, lo que nosotros llamaríamos organización es la forma, en la que la «psyche» no se puede considerar separada de la materia. En cambio, para Platón el alma puede existir separadamente.
Ya te he dicho que para Aristóteles las leyes que dominan el cosmos son diferentes de las que rigen la materia viva, y que su cosmología no es muy diferente de la de Platón y su discípulo Eudoxos. Quizá los rasgos fundamentales que nos interesa recordar son que la materia es continua, en oposición a la idea atomista de Demócrito. El Universo es limitado en el espacio pero ilimitado en el tiempo. No hay creación ni destrucción. La modificación cristiana a este planteamiento sería introducir la formación por un acto creador y eventualmente la destrucción, en un apocalipsis. La Revolución científica se distinguiría por rechazar la no uniformidad del Universo, considerándolo infinito y eterno después de su creación.
Otro punto importante es que el universo aristotélico necesita algo independiente de él que lo haga funcionar: el «primum mobile», que permaneció en la cosmología cristiana hasta la revolución científica. Tras ésta, con la gravitación universal, el mundo se mueve por sí mismo, sin necesidad de ninguna ayuda, y eternamente. Tanto en la idea aristotélica como en la newtoniana queda excluido un aspecto muy importante de la visión actual del Universo: su evolución a lo largo del tiempo. Es decir, hoy el universo es diferente de como fue creado o, si se quiere, de como era hace millones de años. Sigue cambiando, en un proceso que evoca nacimiento, crecimiento y muerte. Todo el Universo nos parece comparable a un organismo. De algún modo volvemos al materialismo jónico, en el que el microcosmos es una prefiguración del macrocosmos. Te reproduzco un esquema del universo aristotélico, según un códice medieval:

Conviene ver las diferencias entre las tres líneas maestras del pensamiento clásico. Para Demócrito, todo es azar o necesidad. Para Platón, el orden causal es determinado por el designio y la necesidad. Aristóteles establece cuatro causas: la material, la eficiente, la formal y la final. El objetivo de la ciencia sería la explicación del mundo mediante las causas finales. De hecho, la diferencia principal entre Aristóteles y Platón es que en éste domina el «logos» y en aquél, el «telos» o fin.
A partir de la revolución científica se ha criticado mucho a Aristóteles e incluso se le ha considerado responsable de detener el desarrollo de la ciencia durante veinte siglos. Creo que esta afirmación es totalmente errónea. No fue Aristóteles quien introdujo el obstáculo intelectual que representa la separación entre la física celeste y la física terrestre. Dicha separación fue obra de los pitagóricos y en tiempos de Aristóteles ya estaba establecida. El propio Aristóteles, en su «Física», aconseja que se trate de comparar su concepción con la forma de ver las cosas que tenga cada uno. Ello nos sugiere que Aristóteles tenía sus dudas y que los que le siguieron durante los siglos posteriores no fueron capaces de progresar, no por culpa de Aristóteles, sino porque a su lado eran intelectualmente unos enanos.
Aristóteles había señalado que, si la Tierra se moviera, la distancia entre las estrellas cambiaría a lo largo del tiempo, como cambia entre los planetas. El razonamiento era correcto, y de hecho se cumple en la realidad, pero Aristóteles no lo podía verificar con sus medios, dada la distancia enorme que nos separa de las estrellas. También hay que puntualizar que la supuesta rigidez del sistema aristotélico es la que se dio a sus ideas durante la Edad Media. Ten en cuenta que se hicieron modificaciones esenciales, como la que se refiere a la infinitud temporal. No hemos de confundir el Aristóteles que intentamos situar en la Historia de la Ciencia con la versión dogmática elaborada por los teólogos cristianos a partir de ideas aristotélicas.
En cambio, el Liceo no dejó de progresar y admitió diversidad de tendencias. El propio Teofrasto, sucesor de Aristóteles, era muy poco finalista y Estratón, que siguió a Teofrasto, era un empírico. Creo que lo que te acabo de contar aboga a favor de la aportación aristotélica a la perspectiva científica. También me hace pensar que el dogmatismo siempre es propio de los que son dogmáticos por naturaleza, aunque utilicen ideas de hombres que lo eran menos o no lo eran nada.
Afectuosamente,