LA CIENCIA Y LA TÉCNICA EN NUESTRA SOCIEDAD

LA CIENCIA Y LA TÉCNICA EN NUESTRA SOCIEDAD
Begues, 18 de agosto de 2001
Querida Nuria:
Sigo embotellado, como el genio de Aladino, en la obra «La Ciencia en la história deis Petisos Catalans». Después de tres años, el contenido puede considerarse prácticamente listo. Ahora queda por hacer la corrección del Institut d’Estudis Catalans, que suele ser larga, y la edición, aún por resolver. Mi compromiso era desarrollar el texto orgánico con los especialistas, de acuerdo con un proyecto que había diseñado yo mismo, y con la ayuda de una comisión asesora de seis investigadores. Los autores son alrededor de sesenta, jóvenes y viejos, principalmente catalanes, valencianos y mallorquines. También hay un alemán, un italiano y dos norteamericanos. Todo ello podía haberse convertido en una pesadilla, pero hasta ahora ha ido bastante bien y si he hecho la apuesta, hay que seguir adelante, aunque se trate de un trabajo que no es el mío (ni puede llegar a serlo), y aunque a veces me sienta a merced de otros e incapaz de mantener el control de todo. Pese a ello estoy contento del resultado logrado, sobre todo por lo mucho que he podido aprender. Sé que la etapa que falta puede ser pesada y menos estimulante, propicia para perder ilusión y desfallecer de cansancio. Espero que no sea así, y que pueda llegar a sentirme orgulloso de tener en mis manos estos dos volúmenes, de más de mil páginas cada uno, listos y publicados.

La Ciencia y la Técnica son un vacío en nuestra historiografía social, sol todo si comparamos el espacio que ocupan una y otra con el de la política, religión, el arte o incluso la filosofía. Ello no parece proporcionado al peso q tienen la ciencia y la técnica en prácticamente todas las sociedades actuales, y q en ningún caso ha aparecido repentinamente. La ciencia y la técnica acaban siendo la referencia indiscutible para casi todas las cuestiones prácticas, y configuran parte más objetiva de nuestro saber. No hemos de olvidar que la ciencia y técnica no son fenómenos lógicos, ni derivados de ideología alguna. Son fruto un proceso histórico de carácter acumulativo, en el que todo lo que funcion mejor va sustituyendo a lo anterior, y en el que la teoría científica concomitan sufre sucesivas crisis seguidas de progresos espectaculares en la tecnología.
Por sí solas, las trayectorias globales del conocimiento científico y de la técnica pertenecen al campo de la abstracción. En realidad, son la integración de aquel que ha ocurrido en cada sociedad, y en cada cultura particular. De este modo se fiel a un dibujo mucho más genuino de cada país, y en cualquier caso mucho más cercar a la realidad que los que se basan en reliquias eruditas y documentales relacionad con el poder político, sin que ello quiera decir que éste no tenga su papel. I Ciencia y la Técnica a lo largo de la historia de cada país ponen de manifiesto personalidad propia de su evolución social. Éste es también el caso de los País( Catalanes desde la Marca Hispánica del siglo XX hasta nuestros días.
El punto de partida de nuestra historiografía de la ciencia es el Assaig d’históri de les idees fisiques i matematiques a la Catalunya medieval de Josep M. Millás Vallicrosa, aparecido hace setenta años. Dicha obra debía tener tres volúmene pero sólo se publicó el primero. Millas nunca llegó a escribir el resto Sorprendentemente, en el primer volumen del «Assaig» no hay apenas matemática y nada de física, pero constituye un estudio genial de la primera introducción en Europa medieval de la nueva astronomía árabe, a través de una serie de texto sobre la construcción y uso del astrolabio estereográfico —la calculadora de bolsillo que empleaban los astrónomos medievales—, del cuadrante con cursor y de 1 esfera celeste. Con dicha obra, Millás daba fundamento sólido a la tesis de que Cataluña, y no Lorena, fue la puerta de entrada en Europa de esta nueva astronomía: Con ello también iniciaba un proceso de desmitificación en relación con 1 importancia de la llamada «Escuela de traductores de Toledo» y a la vez empezab a valorar la de los traductores del valle del Ebro. Afortunadamente, la obra d Millas ha sido continuada por las tres generaciones siguientes de historiadores, u fenómeno infrecuente que conviene destacar. Ahora, desde la perspectiva de 200] en el siglo X tenemos una Cataluña emergente a la vanguardia de la ciencia e todo el Occidente cristiano. Es el corredor a través del cual la ciencia grecc
arábica se infiltró primero hacia Europa, a través de textos latinos y hebreos, instrumentos científicos y la viva voz de los viajeros. Cataluña seguiría en la vanguardia durante toda la Edad Media, y su acme tal vez lo podemos situar en el siglo XIV. De ahí que nuestra historia medieval sea estudiada en todo el mundo como parte de la historia de la humanidad. En cambio, desde el nacimiento de la ciencia moderna a la época actual, nuestra historia nos afecta más directamente a nosotros. Por decirlo de algún modo, es una historia de la Ciencia más doméstica.
En los últimos quince años se han recuperado cinco astrolabios catalanes, entre los que destaca el llamado astrolabio carolingio (el astrolabio latino de Barcelona, que es del siglo X y es el más antiguo que se conoce en Europa). Para valorar la importancia de este hecho es necesario darse cuenta de que, en el resto del mundo latino, de toda la Edad Media sólo sobrevive otro astrolabio relativamente tardío. Por este motivo, cuando supe que todos nuestros astrolabios se encontraban fuera de Cataluña, me empeñé en obtener una buena copia facsímil del más antiguo. No ha sido nada fácil, pero lo hemos conseguido, entre otras cosas gracias a tu ayuda, aunque el crédito principal se lo deban llevar los profesores Samsó y King. Del astrolabio carolingio ahora tenemos tres copias que podemos ver y tocar cuando queramos: una en la Real Academia de Ciencias y Artes de Barcelona, otra en el «Museu de la Ciencia i de la Técnica de Catalunya» y una tercera en el Museo Nacional de la Ciencia y la Tecnología de Madrid. Por tanto, el testimonio más emblemático del pequeño Renacimiento de la Cataluña Condal ahora está a disposición de todos los estudiosos, y obviamente de todos los catalanes. Se me ha dicho con sincera intención elogiosoa que era «un verdadero eslabón científico que muestra que seguimos teniendo mucho que aprender acerca de nuestro pasado». ¡Por supuesto que sí!
En nuestra historia social, desde la Edad Media hasta nuestros días el desarrollo
de la ciencia y la corriente tecnológica han tenido más continuidad de lo que muchas veces se ha creído. Sin embargo, hay que admitir la decadencia de los siglos XV, XVI y XVII, sobre todo si establecemos una comparación con lo que pasaba en otros países del mundo occidental. El contraste es evidente, y es posible que en nuestros días aún no se haya superado del todo. De todos modos, empieza a ser hora de tirar hacia adelante sin sentirnos acomplejados. De hecho, la revitalización empezó en el siglo XVIII con la Ilustración, justamente después del momento más propicio a la pérdida completa de la conciencia colectiva de identidad. El siguiente empujón vino con la Industrialización, a la que el movimiento catalanista dio un aire nuevo. Otro impulso llegó con el Noucentisme. Finalmente, con la normalización de la última parte del siglo XX se ascendió otro escalón, ciertamente importante.
Fue precisamente durante el siglo XVIII, cuando en nuestro país sólo estábam empezando a darnos cuenta de las grandes novedades introducidas por la Cien en los últimos cien años, en tanto que Europa ya sufría los tumultuosos efectos aquellas novedades, en forma de profundas subversiones que habrían de continu durante todo el siglo XIX y la primera mitad del XX. En su monumental insuficientemente valorada História de les institucions catalanes i del movime cultural a Catalunya, Alexandre Galí señala la importancia del padre Tomás Cero en la introducción de la nueva matemática y la mecánica newtoniana en el Col.le de Cordelles de Barcelona. Como consecuencia, se produjo un movimiento ciudadano que finalmente llevó a la creación de la Academina de Ciencias 1764. El discurso fundacional de Francesc Subirás, su primer director, sigue sien( una obra memorable. La Ilustración no podía empezar con mejor pie en nuest casa. Como afirma Galí, la visión de la ciencia de Subirás y las consecuencias práctic que de ella se derivan son tan límpidas que uno no puede dejar de encontrar más bien pobre lo que, cien años más tarde, Valentí Almirall escribiría al respecto en su lib innovador Lo Catalanisme. Otro tanto puede afirmarse, dicho sea —parafraseando Galí— con todo respeto al creador del Institut d’Estudis Catalans, de la noción de ciencia esgrimida por Puig i Cadafalch para iniciar sus campañas, que adolece ingenuidad. En cualquier caso, lo que sí hay que reconocer es que tanto uno con otro, desde posiciones políticas bastante diferentes, afirman con rotundidad la m auténtica vocación científica del movimiento catalanista que propugnaban. De hech es esa vocación la que conduciría a la nueva Escuela Industrial, a la Junta de Historia Natural, a la Junta de Museos, al Laboratorio Municipal, a la primera Universidad: Autónoma, y a tantas otras instituciones nuevas o profundamente reformadas, siemp como resultado de un desarrollo nronio y autónomo
Afectuosamente,