LA CLASIFICACIÓN DE LAS PLANTAS Y LOS ANIMALES

LA CLASIFICACIÓN DE LAS PLANTAS Y LOS ANIMALES
Begues, 30 de agosto de 1984
Querida Nuria:
Sin duda te costará muy poco darte cuenta de que tenemos una tendencia natural a agrupar conjuntos de objetos con una sola denominación. ¿Cómo? Pues por el análisis del lenguaje de pueblos primitivos, por el desarrollo que vemos en los niños y por el estudio de escritos de la antigüedad. Ya sabes que los antiguos griegos trabajaron mucho el análisis conceptual. De ahí que las categorías utilizadas para la clasificación puedan considerarse procedentes de Platón, así como el uso de la dicotomía. Aristóteles distinguió el «genos» y el «eidos», quizá equivalentes a nuestro género y especie. Además, logró establecer una serie de tipos de organización que van desde la especie humana a los seres más sencillos. Como naturalista, prácticamente no sería superado hasta finales del XVIII. Otro tanto ocurrió con Teofrasto, su sucesor en la dirección del Liceo, que fue la máxima autoridad en el campo de la botánica hasta el siglo XVIII.
En la Baja Edad Media, el número de plantas y animales conocidos era relativamente pequeño, y casi todo se puede referir a Plinio y a Dioscórides. La situación cambió con los llamados padres alemanes de la botánica y con los zoólogos del Renacimiento. De todos ellos ya hemos hablado. También recordarás que en el siglo XVI se conocieron muchas plantas nuevas procedentes de América y del Extremo Oriente. Entre los contribuidores más relevantes podemos citar a García de Orta, Cristóbal de Acosta, Francisco Hernández, Nicolás Monardes, Charles de l’Escluse (Clusius), Prosper Alpino, Jakob de Bondt (Bontius) y Guillaume Piso. El sistema moderno de clasificación hay que atribuirlo a Linneo en el siglo XVIII’, pero hay un nexo entre Linneo y el marco que acabo de describir. Por eso en esta carta me permitirás que para llegar a Linneo parta del siglo XVI.
Casper Bauhin nació en Basilea en 1555, y estudió en Tübingen con Fuchs, de quien ya hemos hablado. Más tarde fue profesor en Basilea, donde vivió hasta su muerte en 1624. Sus obras más importantes probablemente sean Prodomus y Pinax theatri botanici. Se basa en Fuchs y en los herbolarios semimédicos del XVI, pero introduce una acertada visión de la afinidad entre diferentes plantas. Se le considera
20 Es posible que pudiéramos encontrar precursores más antiguos.
el fundador de los sistemas de clasificación llamados naturales o politéticos, porque atienden a la totalidad de los caracteres, o al menos a un gran número, sin considerar que algunas características sean más importantes que otras. Se trata sin lugar a dudas del método usado espontáneamente para el establecimiento de los nombres comunes, y mediante el cual la gente distingue e identifica diferentes objetos. Este sistema fue patrocinado por Federico Cesi (1585-1630), fundador de la célebre Academia dei Lincei, y sería defendido por Pierre Magnol (1638-1715), John Ray, de quien hablaremos con más detalle dentro de poco, Bernard de Jussieu (1699-1777) y su sobrino Antoine-Laurent de Jussieu (1748-1836), así como por Augustin-Pyramus de Candolle (1806-1893). Beuhin clasificó más de seis mil especies de plantas, distribuyéndolas en grupos como gramíneas, liliáceas, zingiberiáceas, dicotiledóneas, arbustos y árboles. En ningún caso distingue géneros.
A los sistemas naturales de clasificación se pueden oponer los llamados sistemas artificiales, basados en una o unas pocas características consideradas como distintivas, algo parecido a las camisetas del Barca o a las banderolas que llevaban en el cogote los antiguos guerreros japoneses, como pudimos ver en la película «Kagemusha» del director Kurosawa. Los sistemas de agrupación de este tipo se llaman monotéticos, y son los que nos chocaron, tanto a tí como a mí, cuando empezamos a estudiar botánica y zoología. Es aquello de que con un manco nunca llegaríamos a la especie humana, o que todo dependa de aquellas cuatro o seis quetas para ir hacia uno u otro lado de la clave taxonómica. Lo de menos es el aspecto conjunto de los animalitos que, sin embargo, una vez asimilado, será lo que nos los hará reconocer de un vistazo. Podemos considerar a Matthias de l’Obel (1538-1616) como el iniciador de este criterio taxonómico.
Ya señalé en una carta anterior que Andrea Cesalpino (1519-1603) fue un botánico de relieve. En su obra De Plantis inició una diferenciación de tipo peripatético entre plantas y animales. Las plantas no tienen sensibilidad ni movimiento. Las compara con los animales, y concluye que el anillo de la raíz que une a ésta con el tallo, corresponde al corazón. El aparato reproductor es el tallo, ya que produce los frutos. La planta, no obstante, conserva la potencia en muchas partes, y por eso puede reproducirse por esquejes. Los frutos son los embriones, protegidos por las hojas. También señala que los pétalos son hojas modificadas, idea que Goethe recogerá más tarde. Dice que los vegetales no tienen sexo, y que los frutos se producen a partir de una gema que sale de la médula. Cree que el fruto es distintivo para cada tipo de planta, y que es la característica apropiada para distinguir unas de otras. Curiosamente, en vez de ilustraciones, Cesalpino añade a su obra un herbario con plantas disecadas. Parece que estemétodo fue inventado por un tal Luca Ghini (1490-1556), maestro de Cesalpino. Ambos fundaron jardines botánicos del tipo que se pondría de moda en el siglo XVII. Las ideas de Cesalpino influyeron sobre Jung y sobre Linneo. Para nosotros, Cesalpino será el primero en dar relevancia al fruto como característica taxonómica distintiva.
Joachim Jung (Jungius) nació en Lübeck en 1587. Fue profesor de matemáticas en Giessen, y más tarde rector de un Gymnasium en Hamburgo. Su vida transcurrió permanentemente agitada por controversias sobre religión. Murió en 1657. Sus obras botánicas se publicaron mucho después, y la principal es «Isagoge phytoscopica». Se basa en Cesalpino, pero sin las elucubraciones filosóficas de éste. Adoptó un tipo de descripción de la morfología vegetal que sería seguido tanto por Linneo como por sus sucesores.
August Quirinus Rivinus (1652-1723) nació en Leipzig, estudió medicina y más tarde fue profesor. Su obra principal en el campo de la botánica es Ordo plantarum, en dos grandes volúmenes ilustrados de forma excelente. Fue el primero en insistir en la necesidad de rechazar la vieja clasificación en árboles, arbustos, matas y hierbas. También fue quien atribuyó a la flor las características distintivas que deberían servir para la clasificación, criterio que sería adoptado por Linneo. Finalmente puso de relieve la conveniencia de una nomenclatura simplificada.
Joseph Pitton de Tournefort nació en Aix-en-Provence en 1656. Pese a graduarse en medicina, se dedicó únicamente a la botánica, y fue profesor del entonces llamado Jardin du Roi en París. Tuvo ocasión de hacer numerosos y largos viajes, y murió en un accidente en 1708. Define al vegetal como un cuerpo vivo que siempre tiene raíces, y casi siempre semillas, tallo, frutos y flores. Por lo que se refiere a la estructura de los vegetales, se basa en Cesalpino y también en Malpighi. Tomó como criterio de clasificación tanto los frutos como las flores. Dio importancia al género, y dentro de él distinguió las especies mediante unos pocos detalles complementarios, referidos de modo especial a diferencias en el tallo y las hojas. Se opuso al sistema natural de clasificación preconizado por Bauhin, y estableció por primera vez categorías taxonómicas superiores: las clases, y por debajo de ellas las secciones. El criterio para definir las clases son las flores: con y sin corola, con y sin corola gamopétala, y además cruciforme, lenguada y otras. Mantuvo la división en árboles, arbustos, matas y hierbas, en contra de la opinión de Rivinus. Propuso diecisiete clases de hierbas y cinco de arbustos y árboles. Da poco importancia a la anatomía, y ninguna a la fisiología. Conoció la fertilización artificial de la palmera datilera, que ya había sido descrita por Teofrasto, y que se lleva a cabo suspendiendo inflorescencias
masculinas sobre las femeninas. No obstante, Tournefort no fue capaz de extraer ninguna conclusión de tipo más general.
Es realmente sorprendente que, pese a las observaciones mencionadas sobre la palmera datilera y al uso de denominaciones como «helecho macho» que aluden explícitamente a la sexualidad de las plantas, ésta fuera negada tanto por los botánicos de la antigüedad como por los de los siglos XVI y XVII. Tal vez se debió a que muchas plantas son hermafroditas.
En otra carta ya te he contado que Grew fue el primero en afirmar que las flores son los órganos sexuales de las plantas, y que muchas de ellas se reproducen como los caracoles, pero ni siquiera Malpighi se lo creyó. El que verdaderamente puso de manifiesto el sexo de los vegetales, y de un modo convincente, fue Rudolph Jakob Camerarius (1665-1721). Siguiendo la costumbre de la época, publicaba los resultados de sus trabajos en cartas o escritos breves, y en uno de 1694 titulado De sexu plantarum epistola describe experimentos definitivos, extirpando las anteras de las flores masculinas o provocando la fecundación artificial en plantas muy diversas. Concluye que hay flores unisexuales, y plantas monoicas y dioicas, y que, en cualquier caso, «se justifica considerar las anteras como la parte masculina y el ovario con su estilo como la parte femenina». La teoría de Camerarius fue aceptada por Linneo, que basó su clasificación de las plantas en los órganos sexuales, aunque no añadiera nada nuevo sobre el tema. Tendríamos que esperar un poco, hasta que lo hicieran Kölreuter y Sprengel.
John Ray nació en 1627 en un pueblo del condado de Essex y estudió en Cambridge, donde llegó a profesor de griego y matemáticas. Allí se ordenó sacerdote, pero en 1662 la Act University propugnada por Carlos II restringió la libertad de conciencia, y ello motivó que Ray dejara la Universidad y la Iglesia. Se dedicó a sus estudios en privado, gracias a su amigo Francis Willughby, joven muy rico y de noble familia, que había sido alumno suyo en Cambridge. Viajaron juntos por toda Europa y decidieron preparar una descripción sistemática, en la que Willughby se encargaría de la zoología y Ray de la botánica. Volvieron a su patria cargados de colecciones, y se instalaron en la casa de campo de los Willughby para elaborar todo el material recogido. El anfitrión era diez años más joven que Ray, pero se puso enfermo y murió en 1672, dejando una renta de sesenta libras anuales a su amigo, con el encargo de educar a sus hijos. Ray permaneció unos años con la familia de su compañero, pero más tarde se casó y se instaló en la granja de sus padres. Murió en 1705.
En 1676, Ray publicó con autoría de Willughby un extenso ensayo sobre pájaros titulado Ornithologi libri tres, y en 1686 uno sobre peces, «De historia piscium libri quatuor». La «Historia insectorum» se publicó después de la muerte de Ray. Resultadifícil distinguir lo que es de uno y de otro. De hecho, Ray escribió otras obras importantes de zoología, como «Synopsis methodica avium et piscium» (1713) y Synopsis methodica animalium quadrupedum et serpentini generis (1693). No está de acuerdo con la falta de sensibilidad que Descartes suponía en los animales, y niega la generación espontánea. Trata las teorías de la epigénesis y el preformismo, así como el ovismo y el espermatismo, pero sin añadir nada nuevo. En cambio, Ray rechazó definitivamente la existencia de los animales fantásticos que se habían ido incluyendo en los libros desde los autores clásicos. Ray sigue un sistema de clasificación basado en Aristóteles, pero incluyendo novedades importantes. Distingue por primera vez, dentro de los animales de sangre roja, los que tienen pulmones y los que tienen branquias. Divide los primeros entre los que tienen dos ventrículos y los que tienen uno solo, y coloca a estos últimos dentro del grupo de los reptiles o cuadrúpedos ovíparos. Los de dos ventrículos se dividen en ovíparos (o aves) y vivíparos, tanto terrícolas como marinos, siendo un rasgo característico de los terrícolas su hirsutismo. Es importante la distinción entre pezuñas y garras. Dentro de los ungulados tenemos los equinos con un casco, los rumiantes y porcinos con dos, y los que tienen muchos como el rinoceronte y el hipopótamo. Entre los unguiculados o animales que tienen dedos terminados en uñas, distingue los que sólo tienen dos, como los camellos, y los que tienen muchas, ya sea juntas como los elefantes, separadas y planas como los simios, o estrechas como los carnívoros y los rumiantes. Ray nos habla de animales como el murciélago, el perezoso, la musaraña y el topo, que no habían sido descritos hasta entonces. En cambio, por lo que se refiere a los invertebrados, sigue siendo inferior a Aristóteles.
Las contribuciones más importantes de Ray se encuentran sin embargo en la botánica. En 1660 ya había publicado una flora de Cambridge, y diez años más tarde un catálogo práctico de plantas de Gran Bretaña. De todos modos, sus obras más representativas fueron su Methodus plantarum nova (1682), y sobre todo la Historia generalis plantarum en tres volúmenes, publicada entre 1686 y 1704. En esta última se encuentra un resumen de todos los conocimientos botánicos de la época por lo que se refiere a estructura, fisiología, distribución, hábitat y clasificación. Describió dieciocho mil seiscientas plantas distribuidas en ciento veinticinco secciones, algunas de las cuales siguen siendo reconocidas como órdenes naturales en la actualidad. Aprovechando las observaciones de sus predecesores –especialmente Cesalpino, Bauhin y Jung– fundamentó su esquema, que puede calificarse de natural, en las características de los frutos, las flores y las hojas. Había reconocido inequívocamente la sexualidad de los vegetales, y estableció de forma definitiva la diferencia entre monocotiledóneas y dicotiledóneas; de hecho, fue el autor de estas denominaciones. Dio valor al género y precisó el concepto de especie, reconociendo su carácter fijo dentro de un margen de variabilidad.
Ahora ya podemos hablar de Linneo. Carolus Linnaeus nació en Rashult, Suecia meridional, en 1707. Su padre era un pastor protestante muy aficionado a la jardinería. De este modo, el pequeño Linneo se familiarizó muy pronto con las plantas, y aprendió los nombres de muchas de ellas. En primer lugar estudió en el pueblo vecino de Váxjó, donde aprendió latín y leyó la «Historia Animalium» de Aristóteles. Después se inscribió en la Universidad de Lund pero, por consejo de su maestro Rothman, al año siguiente se trasladó a Uppsala. Parece que en esa época conoció los escritos de Tournefort y Boerhaave. El decano Celsius acogió a Linneo como un miembro de la familia, y en el año 1730, antes de terminar sus estudios, ya fue nombrado lector de botánica. Dos años más tarde, la Sociedad de Ciencias de Uppsala le confió la responsabilidad de una campaña en Laponia con la finalidad de «explorar los tres reinos de la naturaleza» y estudiar además «la extraña forma de vida de sus habitantes, y las ventajas e inconvenientes que ese tipo de vida pudieran tener para la salud». Uno no puede resistir la tentación de establecer un cierto paralelismo entre este viaje de Linneo y el que cien años después haría el joven Darwin a bordo del Beagle.
Linneo se doctoró en medicina en Holanda, en la pequeña universidad de Harderwijk, como había hecho Boerhaave, pagándole la estancia su futuro suegro Celsius. Después pasó a Amsterdam y a Leiden, donde gozó de la protección de Boerhaave e hizo la primera edición del Sistema Naturae (1635). Volvió a Suecia y se estableció como médico en Estocolmo hasta el año 1741; entonces se trasladó a Uppsala como catedrático de botánica. Más tarde tomaría parte en la fundación de la Academia Sueca de Ciencias, de la que fue su primer presidente. Hoy en día esta institución es mundialmente famosa por ser la que otorga los premios Nobel. El acme de la fama de Linneo se produjo alrededor de 1750. Moriría en 1778, tras una larga temporada en la que sus facultades, tanto físicas como mentales, menguaron progresivamente de forma lamentable. Recomendó a su hijo como sucesor suyo en la cátedra, lo cual fue verdaderamente desafortunado. Al margen de su manifiesta mediocridad científica, el hijo de Linneo tuvo malas relaciones con su familia. Al morir y liquidarse la herencia, las colecciones de Linneo (herbario, biblioteca y correspondencia) fueron vendidas por su viuda al naturalista inglés James Edward Smith (1759-1828), que las legaría a la Linnean Society, fundada por él mismo con un grupo de amigos en Londres en 1778. En Suecia, este hecho es visto como una vergüenza nacional. De hecho, mientras las colecciones viajaban hacia Inglaterra, el mismísimo rey envió un barco para apresar la nave que las transportaba, pero no lo logró.
En Holanda, Linneo conoció las obras de Camerarius, Jung y Ray, y demostró que estaba particularmente preparado para asimilarlas. No obstante, resulta sorprendente que un hombre con una formación envidiable y con unas relaciones privilegiadas dentro del mundo intelectual de su época fuera tan negado para comprender la revolución científica. En la última edición del «Sistema Naturae» (1765-1768) todavía nos habla de los cuatro elementos, y mezcla descripciones poéticas de la vida y del Universo basadas en la religión con conceptos de su época o como mucho un poco anteriores, como máquinas hidráulicas o fenómenos eléctricos. Sus fuentes son la Biblia, Séneca, Aristóteles, van Helmont y Cesalpino. Sorprendentemente, ignora tanto a Galileo y Newton como a Harvey, Malpighi y Leeuwenhoek. En el fondo es un gran coleccionista, capaz de agrupar y ordenar mejor que nadie un «universo» de cosas diversas.
Peter Artedi (1705-1735) fue un amigo de Linneo del periodo de Uppsala. Es posible que Artedi fuera el zoólogo sueco más importante de su época. Se trasladó a Londres y más tarde a Holanda, donde se reencontró con Linneo. Éste pudo ayudarle, puesto que ya estaba bien situado allí, pero por desgracia Artedi habría de caer en un canal y ahogarse.
La obra de Artedi fue publicada por Linneo con el título de Philosophia ichthyologica. En ella defiende el género a la manera de Tournefort, es decir, como un grupo de especies que armonizan entre sí y se diferencian de las que corresponden a otros géneros. Incluye las clases y los órdenes como categorías taxonómicas superiores. Las clases han de ser grupos naturales: por ejemplo, los peces. Linneo adoptó los órdenes de Artedi, y en general recibió gran influencia de éste para la clasificación de los demás animales.
La primera edición del «Sistema Naturae» no tiene más de doce páginas de texto, y abarca los tres reinos. Por su novedad y claridad, fue acogida con gran entusiasmo. Las sucesivas ediciones fueron cada vez más voluminosas. La décima, de 1753, que se considera la clasificación linneana prototípica, tiene dos volúmenes de más de quinientas páginas cada uno. La número trece, que es la última, tiene tres tomos de esa misma extensión. Lo que Linneo dejó escrito sobre clasificación de minerales es mejor olvidarlo. Ten en cuenta que en su época no se sabía nada de cristalización ni de composición química. El resto, sobre plantas y animales, todo muy bien puesto en órdenes, géneros y especies, es un progreso evidente de la sistemática.
Para las plantas, Linneo toma la flor como criterio de clasificación. Recoge el concepto de Camerarius; de ahí que llame a su sistema «clasificación sexual».
Establece veinticuatro clases, la última de las cuales es la Cryptogamia. De la primera a la vigésima, todas presentan flores hermafroditas, que Linneo clasifica según el número de estambres y pistilos, y según su posición relativa. Según el número de estambres, tenemos: 1, Monandria; 2, Diandria; 3, Triandria; 4, Tetrandria; 5, Pentandria; 6, Hexandria; 7, Heptandria; 8, Octandria; 9, Eneandria; 10, Decandria; 11, Dodecandria; 12, Icosandria; 13, Polyandria; 14, Didynamia; 15, Tetradynamia; 16, Monodelphia; 17, Diadelphia; 18, Polyadelphia; 19, Syngenesia; y 20, Gynandria. La 21 es Monoecia, la 22, Dioecia, y la 23, Polygamia. Sólo por el nombre entenderás qué plantas se incluyen las clases 21 y 22. La 23 está representada por pies con uno, dos o tres tipos de flores. Para satisfacer tu curiosidad, añadiré una clave de las clases 11 a 20:
MENOS DE 20 ESTAMBRES -DE ONCE A DIECINUEVE
MÁS DE 20 ESTAMBRES Insertos en el cáliz Insertos en el receptáculo
ESTAMBRES DESIGUALES Cuatro, dos más largos
Seis, cuatro más largos
ESTAMBRES ADHERIDOS ENTRE SÍ POR LOS FILAMENTOS
En un cuerpo En dos cuerpos En más de dos
ESTAMBRES ADHERIDOS POR LAS ANTERAS -ESTAMBRES ADHERIDOS AL PISTILO O ENCIMA DE ÉL
Los órdenes los establece según el número de pistilos. De este modo, Monandria queda en Monogynia, Diandria en Digynia, Triandria en Trigynia, y así sucesivamente. También utiliza criterios relacionados con la forma y estructura del ovario y del fruto (Clases 14 y 15), el número de estambres (Clases 16, 17, 18, 20, 21 y 22) y la disposición de las flores (Clase 19). La Clase 23 se divide según el número mínimo de individuos para los tres tipos de flores. Finalmente, la Clase 24 incluye cuatro órdenes; 1, Helechos; 2, Musgos; 3, Hongos; y 4, Algas. En todos los casos, vienen a continuación las familias, los géneros y las especies.
Con respecto a la clasificación de los animales, Linneo llega a una división bastante parecida a la de Aristóteles, y en ningún caso superior a la de Ray:
CORAZÓN CON UNO O DOS VENTRÍCULOS Y DOS AURÍCULAS. SANGRE ROJA Y CALIENTE
1. Vivíparos: Mamíferos
2. Ovíparos: Aves
CORAZÓN CON UN VENTRÍCULO Y UNA O DOS AURÍCULAS. SANGRE ROJA Y FRÍA.
1. Respiración pulmonar: Reptiles
2. Respiración branquial: Peces
CORAZÓN CON UN VENTRÍCULO Y SIN SANGRE FRÍA E INCOLORA
1. Con antenas aurículas. Insectos
2. Con tentáculos: Vermes
El nombre de mamíferos sustituye al de cuadrúpedos para poder incluir la ballena. El hombre aparece bajo dos especies: Horno sapiens, que se ha mantenido, y Horno troglodytes, el legendario hombre de las cavernas. El orangután es colocado dentro del mismo género.
Por lo que se refiere a los invertebrados, esta clasificación es un verdadero retroceso con respecto a la aristotélica, que distinguía como mínimo cuatro tipos de organización. La ignorancia de Linneo acerca de invertebrados marinos resulta chocante. Sea como fuere, conviene tener en cuenta que, hasta Lamarck, la visión global de los invertebrados será muy deficiente.
Donde Linneo sobresale es en las categorías inferiores de género y especie. Este último concepto queda establecido de un modo muy definido, e influirá hasta nuestros días. En el Genera Plantarum (1737) escribió: «Species tot sunt, quot diversas formas ab initio produxit Infinitum Ens». En 1751, en la célebre «Philosophia Botanica», repetirá: Species tot numeramus, quot diversae formae in principio sunt creatae. La cosa está clara: las especies son inmutables. Linneo conocía muy bien las variedades hortícolas, pero las consideraba monstruosidades que, sin la atención continuada del jardinero, desaparecerían rápidamente. Más adelante sus ideas serían menos rotundas, y llegaría a decir que no estaba totalmente seguro de que el conjunto de todas las especies de un género no fueran obra del tiempo, a partir de una o unas pocas especies, hijas directas del Creador (1759). En cualquier caso, la especie actual está constituida por un conjunto de individuos que se parecen tanto entre sí
11. Dodecandria
12. Icosandria
13. Polyandria
14. Dydinamia
15. Tetradynamia
16. Monodelphia
17. Diadelphia
18. Polyadelphia
19. Syngenesia
20. Gynandria
como si hubieran tenido un origen común. De hecho, el taxónomo actual utiliza el concepto linneano de especie, aunque formalmente no crea en él.
La nomenclatura binaria fue introducida por Linneo en 1749, en su obra «Pan suedicus». En Species Plantarum (1753) lo aplica a más de seis mil plantas, y en el Systema Naturae de 1758 a más de cuatro mil especies de animales. Desde entonces, la nomenclatura binaria no ha podido ser sustituida por nada mejor (ni siquiera en los virus, que tan lejos se encuentran del pensamiento linneano). Las reglas de nomenclatura y las sinonimias también se conservan prácticamente sin enmienda. En cambio, de sus clases y órdenes apenas queda nada. En cualquier caso, tras Linneo, la clasificación monotética y la nomenclatura binaria aparecerán como el mejor sistema para ordenar la enorme diversidad de las formas organizadas.
En la Philosophia Botanica, Linneo reconoce que sería mejor un sistema natural de clasificación, y propone el establecimiento de sesenta y siete o sesenta y ocho grupos naturales. Algunos los son realmente y otros no. Por otra parte, no dice en ningún sitio cuál fue el criterio que usó para establecerlos. Quizá usó un principio muy empleado por los microbiólogos taxónomos actuales, que dice que a fin de cuentas un grupo natural es aquel que es visto como tal por los buenos especialistas.
En el libro que acabo de citar, Linneo reconoce la importancia de la hibridación en la formación natural de grandes masas de variedades intermedias, y tiene una noción perspicaz de que en la naturaleza hay un lugar para cada especie, o de que cada lugar acaba siendo ocupado por una o unas pocas especies definidas. También empieza a hablar de los factores que influyen en la distribución de las especies en la vegetación. Por desgracia, todo lo que se refiere a anatomía y fisiología es lamentable, incluso dentro del contexto de los conocimientos de su época.
Linneo fue un maestro extraordinario. Tuvo muchos discípulos y colaboradores entusiastas. Muchos de ellos emprendieron viajes y expediciones en busca de nuevas especies. Bajo su influencia se puso de moda el gusto por la vida al aire libre, y se promovieron el excursionismo y el naturalismo. En todo el mundo surgieron sociedades parecidas a la Linnean Society de Londres. Todo ello se ha relacionado con el movimiento romántico y con muchas figuras literarias. El espíritu naturalista, satirizado mediante el hombre con salacot, pantorrillas al aire y cazamariposas, cautivó de un modo especial al clero y a la aristocracia rural de todos los países occidentales. También se sumaron a la moda muchos coleccionistas y aficionados procedentes de la burguesía industrial. Charles Darwin puede considerarse un producto de esta corriente.
El movimiento naturalista da lugar a la figura del coleccionista y buscador de nuevas especies sin mayor preocupación acerca de su significado científico, asícomo a la proliferación de expertos identificadores de animales o plantas –a veces sólo de un grupo concreto, como pájaros, serpientes o setas– sin la menor formación científica. Ello contribuyó a separar la biología de la medicina y, por otra parte, de las ciencias físico-quimicas. En cambio, favoreció la relación de la biología con la geografía y la geología.
Afectuosamente,