LA EPISTEMOLOGÍA EVOLUTIVA
Begues, 12 de septiembre de 1998 Querida Nuria:
Recuerdo que en una carta anterior, hablando de las dos culturas, señalé que la epistemología evolutiva era una característica del pensamiento biológico en la segunda parte del siglo XX. De ahí que me haya decidido a reflexionar un poco al respecto. Supongo que no has leído nada de K. R. Popper, ni de E. O. Wilson, ni de D. L. Wilson (que por cierto no son hermanos ni primos), ni de E J. Ayala.
Hablando en serio, estos señores son figuras representativas de la corriente de pensamiento mencionada, de la que trataré de hacer una breve sinopsis. En otras ocasiones he escrito sobre epistemología evolutiva, pero no soy ningún experto en el tema. En realidad, he de decirte que mi fuente principal de información sobre el tema no es internet, sino nuestro amigo Antoni Prevosti, que ha leído a los autores citados y además tiene relación personal con Ayala desde hace tiempo. Sin duda ha discutido con él, y más de una vez, acerca del tema.
Tras cien años de darwinismo, ya sabes que los seres vivos se nos muestran como sistemas formados por agrupaciones de moléculas complejas, entre las que podemos destacar un componente: el genoma. Éste contiene información codificada sobre la configuración propia de cada sistema vivo, y sobre el mundo en que cada uno de ellos se encuentra inmerso. La emergencia del genoma es un acontecimiento capital en la evolución del cosmos, un salto hacia la complejidad más allá de las posibilidades de la evolución físico-química que determinó el paso de la materia no viva a la viva. El ADN de los genomas se perpetúa por la reproducción, pero las mutaciones aleatorias que se producen en el ADN de cada individuo pueden –ciertamente, con baja probabilidad– aumentar sus posibilidades de reproducirse, y por tanto de consolidarse en la población. Ello determina una dinámica de acumulación progresiva de nueva información. A medida que el proceso se desarrolla se hace intrínsecamente irreversible.
Visto así, el proceso que acabo de relatarte es una especie de aprendizaje o adquisición de conocimiento. Es como resolver un problema por tanteo, usando un proceso de eliminación que permite llegar a una solución cada vez mejor.
En el conocimiento humano hay consciencia e intención, y además, representaciones mentales de lo que suponemos que es la llamada realidad. En el contexto de la epistemología evolutiva se plantea el problema de si dichas representaciones son simples representaciones imaginarias adaptativas o algo más. Es verosímil que puedan ser modelos simplificados originados por un procesamiento adaptativo de la percepción sensible, que recoja los elementos necesarios para que la percepción sea eficaz. Es evidente que el hombre, además, puede elaborar, por desarrollo lógico, patrones más complejos que tengan poco valor adaptativo para el individuo, pero que puede contrastar con el mundo exterior.
En el sentido amplio que le da la epistemología evolutiva, en los seres vivos se pueden distinguir tres tipos de conocimiento, que determinan respectivamente el comportamiento instintivo, el aprendizaje por asociación y la inteligencia. El primero está controlado por los genes, al menos en gran parte. Por tanto, tiene muy poca eficacia frente a situaciones que la especie no ha experimentadopreviamente. Con la aparición del sistema nervioso no sólo se desarrolla el comportamiento instintivo de los animales, sino también el aprendizaje por asociación, cuya capacidad va aumentando hasta llegar a los mamíferos y al hombre. Dado que no está controlado por los genes, no pasa a la descendencia, y está determinado principalmente por el ambiente. Sirve para aumentar la eficacia del individuo a la hora de solucionar problemas inéditos en su historia evolutiva.
La evolución del sistema nervioso conduce al cerebro humano, que determina un cambio cualitativo extraordinario porque permite un nuevo sistema de acumulación y transmisión de información que es el lenguaje, formado por símbolos fonéticos y gráficos. La capacidad de transmitir el conocimiento adquirido por una via no genética sólo la presenta plenamente la especie humana. Mediante el lenguaje pasa los conocimientos adquiridos a los otros individuos de la especie, no sólo de su generación sino también de las posteriores. Con el cerebro humano se abre un nuevo nivel de la evolución: la evolución cultural. Por ejemplo, el paso del hacha de piedra al kalashnikov.
En la ciencia actual se pone de manifiesto una gran capacidad de formalización del conocimiento, que extrema la diferencia entre el nivel puramente biológico y el nivel cultural. En cierto modo, dicha formalización tuvo lugar de un modo comparable a la acumulación de información en el genoma. En ambos casos, el juego inventa libre y continuamente cosas que se ven como posibles, para poderlas confrontar con el mundo exterior. Sin embargo, cada uno tiene una base totalmente diferente. Además, es innegable que el desarrollo racional ha permitido llegar a formulaciones abstractas muy complejas, de alcance superior a lo que es directamente útil. Hay que tener en cuenta que este tipo de conocimiento se obtiene por un proceso lógico y no histórico. Por tanto, en la adquisición del conocimiento, la selección natural que implica la epistemología evolutiva ha dejado de tener sentido. También hay que tener en cuenta que para la epistemología evolutiva no existen los teoremas matemáticos ni el nivel sobrenatural de nuestro pensamiento. Esas cosas no cambian porque son eternas.
Uno llega a creer que una misma pregunta puede provocar una respuesta sabida, y por tanto inofensiva. Pero siempre hay una pequeña probabilidad de una nueva respuesta devastadora. Más aún, también hay una pequeña probabilidad de una nueva pregunta. Entonces, con un poco de suerte, aumenta extraordinariamente la posibilidad de una respuesta devastadora. ¿Hay alguien que juega con nosotros para ver qué hacemos? ¿Hasta cuándo seguirá jugando?
Afectuosamente,










