LA ESCUELA DE MILETO

LA ESCUELA DE MILETO
Begues, 26 de junio de 1983
Querida Nuria,
Como te he prometido, hoy mismo me dispongo a escribirte una nueva carta, siguiendo con el propósito que me hizo escribir las cuatro anteriores. Ya te he descrito de un modo general las características del fenómeno griego; ahora te hablaré de los antiguos pensadores jonios, que podemos agrupar en la Escuela de Mileto.
El más antiguo de los pensadores de los que quiero hablarte es Tales. Se trata de una figura casi mítica en la historia del pensamiento occidental. Aunque no tenemos seguridad sobre las fechas de su nacimiento y su muerte, lo más probable es que estuvieran comprendidas entre los años 650 y 580 a.C. Se ha dicho que su padre era griego jonio y su madre, fenicia. Vivió en Mileto, pero viajó a Oriente y a Egipto, lo cual probablemente fue importante para su instrucción. No está claro si sabía escribir o no, pero lo cierto es que no dejó ninguna obra escrita. Recordarás que se le considera el fundador de la filosofía e incluso se le atribuye la invención de ese término. Supuestamente, a la pregunta de si era un sabio, Tales respondió que era simplemente un amante del saber, que es lo que significa filósofo.
Tales fue un hombre realmente notable, que ejerció el comercio y la política. Tuvo éxito en sus negocios y ello le permitió amasar una buena fortuna. También era aficionado a reunirse con sus amigos en una especie de peña o club donde se discutía acerca de todo de una manera libre e independiente. La fama de Tales se extendió mucho, probablemente porque Mileto era una ciudad frecuentada por viajeros de toda la Hélade. De hecho fue incluido en el grupo de los siete sabios de Grecia, una especie de premios Nobel de la antigüedad.
Quizá no sepas quiénes fueron los otros seis sabios. La lista más corriente incluye a Bias de Priene, Quilón de Esparta, Cleóbulo de Lindos, Periandro de Corinto, Pítaco de Mitilene y Solón de Atenas. Algunos, en vez de Periandro, incluyen a Epiménides de Festos. En cualquier caso, Tales es un caso especial, porque los demás destacan exclusivamente en los campos de la filosofía moral y la práctica política. Sea como fuere, todos constituyen un símbolo de un nuevo modo de ver las cosas, aunque sea partiendo de la sabiduría de las civilizaciones más antiguas de Egipto y Babilonia.
La diferencia a la que antes me refería permite considerar a Tales como el punto de partida de la historia de la Ciencia. Parece que introdujo las técnicas de los egipcios para medir distancias y superficies y, por ejemplo, se le atribuye un ingenioso método (cuya descripción te ahorraré) para conocer la distancia de los barcos a la costa. También se dice que aprendió de los fenicios el arte de navegar guiándose por las estrellas. Conocía las tablas astronómicas de los babilonios y con su ayuda predijo el eclipse solar del año 585 a.C. Con todo, el mérito más importante de Tales parece ser el haber descubierto el valor absolutamente general de las demostraciones geométricas, algo que los egipcios nunca habían concebido.
Con Tales comienza la historia del «arche» o principio fundamental del que están hechas o derivan todas las cosas 3. Para Tales, el «arche» es el agua, que como mínimo continuará siendo un elemento hasta el siglo XVIII. Recuerda que lo verdaderamente importante es la idea en sí: que todo se pueda derivar de un principio al que se reduce la multiplicidad de las cosas. Es un paso extraordinario en el camino de la abstracción intelectual.
El agua como «arche» puede ser una idea derivada de las mitologías orientales y de la observación de cómo después de las inundaciones periódicas del Nilo todo se fertiliza, igual que ocurre tras los periodos de lluvia. Por otra parte, el agua se relacionaba con la vida porque las zonas secas del cuerpo son insensibles y la vida surge siempre de lo que está húmedo.
Otro concepto al que Tales dedicó gran atención es el de «psyche». Creía que era la causa de la vida, pero que no era responsable de la materia viva exclusivamente, sino también de las propiedades de la roca magnética. Por tanto en Tales no hay una separación radical entre materia viva y no viva.
En Mileto también vivió Anaximandro, entre los años 611 y 546 a.C.. Tampoco se sabe gran cosa de su vida, pero con toda probabilidad se le puede considerar discípulo de Tales. Tiene el mérito de haber escrito el primer libro sobre ciencia,
3 «Arche» es un término empleado por Aristóteles; en ningún caso fue usado por los presocráticos.
que tituló «Periphyseos», que significa «sobre la naturaleza». Es probable que también fuera el primer griego que escribió en prosa. Aristóteles afirma haber leído ese libro, que se perdió definitivamente durante la propia antigüedad clásica.
Para Anaximandro el «arche» no es el agua, sino un elemento indeterminado al que llama «apeiron». Da un paso más en el camino de la abstracción, al considerar que el principio fundamental puede ser imperceptible. De él se separarían el calor y el frío. De la lucha entre contrarios surgirían el agua, el aire, la tierra y el fuego. Después se produciría una estratificación: la tierra, que es la más pesada, estaría en el centro, cubierta por el agua; sobre ellas estaría primero el aire y finalmente el fuego. El fango sería un estado intermedio entre la tierra y el agua.
Se dice que Anaximandro hizo el primer mapa del mundo y que concebía la Tierra como un globo esférico situado en el centro del Universo. El mundo no flota sobre agua, como creía Tales, sino que se encuentra suspendido del centro del Universo, debido a que está equidistante de todas las cosas. Es otra abstracción muy interesante.
Los animales, como suponía Tales, saldrían de la tierra húmeda calentada, así como las plantas y más tarde el hombre. Por tanto cree en la generación espontánea de los seres vivos, una actitud que persistirá a lo largo de toda la Historia de la Ciencia.
En Anaximandro encontramos por primera vez una idea evolucionista. De todos modos hay que tener en cuenta que la evolución como transformación de especies no existe en absoluto en el pensamiento clásico. En este caso se trata de evolución dentro de la propia especie. Anaximandro imagina que el hombre no podía ser desde el principio como es ahora, y por una razón bastante inteligente. Cree que la infancia es tan larga y está tan necesitada de la atención de los progenitores, que sin la civilización sería imposible sobrevivir. Aquí aparece el principio de reducción al absurdo y, además, una observación muy aguda.
Anaximandro cree que el hombre ha podido surgir de un antecesor con forma infantil acuática como las ranas. Después terminaría siendo totalmente terrestre. También supone que otros animales han podido tener un origen similar.
Otra idea muy importante de Anaximandro es que el Universo actual podría haber sido precedido por otros, mediante sucesivos retornos al «apeiron». El actual también podría hacerlo, originándose más tarde otro Universo. Esta es una idea interesantísima que podemos reencontrar en la cosmología moderna, y sin duda es la primera versión científica del catastrofismo.
Se ha sugerido que Anaximandro fue el primero en señalar que la «pysche» es aire. Esto está muy relacionado con la teoría órfica y tiene un gran parecido con el propio libro del Génesis.
La idea del «apeiron» ha sido muy influyente desde la antigüedad. Podemos relacionar con ella las primeras teorías epigenéticas, desde Aristóteles a Harvey. La transformación entre contrarios, frío y calor, como principio general tendrá un gran papel en el pensamiento griego. Finalmente hay que señalar que Anaximandro conocía los fósiles, a los que interpretaba como ensayos fallidos de generación de animales, ensayos que por otra parte testimoniaban que la vida se origina entre la tierra y el agua.
En la próxima carta te hablaré de Anaxímenes como el tercer miembro de la escuela de Mileto y que como los demás cree en un «arche» único. Por esto se les incluye en el grupo llamado monista, en oposición a los pensadores posteriores que proponen la existencia de más de un principio y por eso se llaman pluralistas.
Afectuosamente,