LA FILOSOFÍA EXPERIMENTAL

LA FILOSOFÍA EXPERIMENTAL
Barcelona, 9 de junio de 1984
Querida Nuria:
Finalmente leerás tu Tesis de tercer ciclo el día 25. Para mí es un motivo de gran satisfacción; para tí, el fin de una etapa de tu formación. Hoy en día el doctorado no otorga magisterio universitario como ocurría en el pasado, pero confiere una cualificación que permite considerarse miembro de la comunidad científica. Por otra parte, con lo que sé acerca de tu trabajo y después de dar un vistazo a la Memoria, puedo añadir que es una buena Tesis. Espero que los colegas franceses lo reconozcan, igual que ocurriría si la Tesis fuera evaluada en nuestro país.
Estarás de acuerdo conmigo en que haciendo una Tesis doctoral se aprenden muchas cosas que sería difícil asimilar mediante otro sistema. Te adentras en una temática que es conocida por una o unas pocas personas con las que te comunicas a todo lo largo de tu trabajo. Por otra parte, es algo que has de resolver en solitario. Durante la Tesis también te familiarizas con las servidumbres del trabajo experimental. Llega un momento en el que te sale de dentro una actitud exigente y crítica, que te hace repetir una y otra vez los experimentos que no están suficientemente claros. Luego hay que recapitular cuáles son las preguntas clave que has sabido formular experimentalmente, y ver qué te dicen las respuestas obtenidas. Finalmente hay que preguntarse para qué ha servido lo que has estado haciendo durante una serie de años, y es entonces cuando aplicas el engaño obligado: un orden lógico de exposición que inventas cuando está todo hecho, y que sirve para escribir una historia que no ha existido nunca. Sólo la utilizarás para que tu trabajo sea admitido por la comunidad científica, y para que pueda encajar de modo coherente en sus antecedentes. Más adelante, cuando se transforme en artículos de revista, el trabajo aún sufrirá otro moldeado formal, que de hecho lo alejará más de la vivenciade la investigación y del verdadero origen de las buenas ideas que pueda contener. Si, a distancia, alguien se interesa por el tema, lo único que tendrá a su alcance será ese producto final. Es un proceso inevitable y generalizado. Además, al tratarse de temas muy especializados, cuando en una etapa posterior alguien integra esos conocimientos en un marco más general —por ejemplo, la regulación humoral en las aves— lo hace forzosamente a mucha distancia del verdadero origen de los conocimientos, y de un modo no muy diferente de los autores anteriores a la revolución científica, que creían que toda la verdad estaba en los libros.
Ya sabes que he dirigido muchas tesis doctorales: cerca de cuarenta. Lo que me ha resultado más gratificante han sido los momentos en los que a mí o a mi discípulo se nos ha ocurrido una buena idea. De todos modos, tal vez a causa de mis prontos humanísticos, también recuerdo con satisfacción las ocasiones en que he podido inventar una historia acerca de descubrimientos que el doctorando había hecho a base de dar palos de ciego o, en los casos más afortunados, por «trial and error». Encontrar un orden lógico que sirva para explicar los resultados de una investigación equivale a descubrir cómo debían haberse hecho las cosas. Pero eso está únicamente en nuestra mente, y las cosas se hacen como se hacen. Ahora bien, hay que admitir que una actividad continuada que incluya todos los elementos de los que te estoy hablando produce una mentalidad cada vez más fértil y creativa, como mínimo en sentido estadístico.
Ha habido tesis doctorales memorables, como la de Max Planck sobre la radiación de un cuerpo negro (1900), que constituye una de las mayores revoluciones de la física contemporánea. Viene a ser como la Cavalleria Rusticana de Mascagni, la primera y mejor ópera de este autor, que supuso la creación de un nuevo estilo en la lírica italiana, que hoy conocemos con el nombre de verismo. Pero esto no es lo habitual, sobre todo en las disciplinas de carácter experimental. Lo más corriente es que la etapa más creadora de la vida de un científico se restrinja a un periodo de cinco o diez años, y que el resto de su carrera, tanto anterior como posterior, sea mucho menos interesante. La etapa creadora se caracteriza por la presentación de verdades auténticas y nuevas, fecundas y adoptadas por otros investigadores que las culminan y amplían. Como dijo Claude Bernard, «un gran descubrimiento es un suceso que, al aparecer en la ciencia, da pie al nacimiento de leyes luminosas, cuya claridad disipa un gran número de oscuridades y muestra vías nuevas. Hay otros hallazgos que, aun siendo nuevos, no aclaran muchas cosas: son los descubrimientos pequeños.»
Me parece que tu Tesis te ha dado la oportunidad de experimentar en tí misma el fenómeno de la creatividad humana, del modo que hoy se considera imprescindible para dedicarse con éxito a la investigación científica. Este es el
momento de emprender las mejores aventuras intelectuales. Es el momento de dirigir la mirada a las estrellas y seguir adelante. Es, desde luego, una opción a tu alcance, y para la cual se puede decir que estás preparada adecuadamente. De algún modo, ya eres un personaje de la historia que estoy intentando contar en estas cartas. En último término, lo que lleva a un joven de nuestro tiempo que quiera dedicarse a la ciencia a seguir el camino que tú ya has andado no es otra cosa que la revolución científica. De ahí que la historia esté implícita en lo que has hecho, y en lo que puedas hacer a partir del próximo 25-J.
En la última carta te hablaba de la filosofía experimental, e intentaba reflejar el ambiente intelectual de los protagonistas de la revolución científica. En realidad, hasta ahora apenas te he hablado de las grandes aportaciones de la ciencia del siglo XVII, pero espero hacerlo próximamente. Hoy me gustaría completar la última carta en algunos aspectos.
En el siglo XVII, la filosofía experimental se consideraba una cosa nueva y revolucionaria. De ahí que haya toda una literatura concomitante, tanto para justificarla y defenderla como para criticarla. En el primer grupo destacan las obras de Boyle; entre sus oponentes, las de Stubbe. Alguien llamado Glanwill escribió un elogio entusiasta de la nueva filosofía, basado en los experimentos hechos por miembros de la Royal Society y muy especialmente por Robert Boyle. El libro se titula «Plus Ultra» (1668), y dio lugar a otro de réplica, escrito por Stubbe y titulado «The Plus Ultra, reduced to Non Plus» (1670). Pese a su defensa del clasicismo, este libro está escrito en un estilo genuinamente moderno y puede verse, más que como la continuidad de la ciencia humanística, como el inicio de una actitud neoclásica que ha persistido hasta nuestros días.
Los filósofos experimentales inventaron lo que hoy conocemos como revista científica, una publicación periódica que recogía los trabajos experimentales presentados y discutidos en sus reuniones. La primera de esas revistas fue «Philosophical Transactions», cuyo primer número se publicó en 1664 y aún perdura en la actualidad. Sólo sufrió una breve interrupción entre 1678 y 1683, debido a dificultades económicas. Sus páginas son el mejor documento para hacer una historia de la ciencia del siglo XVII.
Ya te he contado que la Royal Society también publicó actas de sus reuniones, pero sólo hasta el año 1687. Ese año memorable, la Sociedad también publicó los «Philosophiae Naturalis. Principia Mathematica» de Isaac Newton. El presidente era Pepys, cuyo contraste con Newton era tan grande que resulta difícil entender cómo pudo llegar a presidir la Institución. La personalidad de Pepys no tiene nada en común con la de Newton, y hasta puede considerarse opuesta al verdaderoespíritu de la ciencia. Los escritos de Pepys, hoy en día, sólo son un documento acerca de las costumbres de la alta sociedad inglesa del siglo XVII, y de sus gustos y preferencias. En especial sobre cancioncillas de amor, la mayoría de las cuales encuentro cursis y enfáticas y, por si fuera poco, escritas para contratenor, una voz que nunca me ha caído en gracia. Por una extraña ironía del destino, ese tío habría de salir bajo el Imprimatur de una de las obras científicas más grandes de todos los tiempos. Así es la vida. Qué le vamos a hacer.
También debes tener en cuenta que el propio Newton era un personaje peculiar, diferente de los miembros de la Royal Society, e independiente del movimiento intelectual de su tiempo. Trabajaba en solitario y no es fácil evaluar los factores que pudieron influir en su carrera. Podía haber nacido doscientos años más tarde sin que nadie le hubiera pisado el terreno. Ahora bien, sin Newton, el movimiento intelectual del siglo XVII habría tenido consecuencias mucho menores. Es obvio que Newton se basa en Galileo y Kepler, y es muy verosímil la influencia de Boyle, pero toda su obra puede considerarse como el resultado de una personalidad aislada, fortísima y singular.
La revolución científica del siglo XVII se origina cuando los estudiosos dejan deliberadamente de contemplar el mundo a través de los textos clásicos, y pasan a estudiarlo directamente a partir de los hechos. No obstante, eso ocurre en un momento en que la cultura clásica tiene una difusión extraordinaria en todos los campos. Supongo que tienes bien situado el siglo XVII, con la guerra civil en Inglaterra y esa historia de los puritanos, la decapitación del rey y la hegemonía del parlamento con Cromwell. Es la época del barroco, de Cervantes y Velázquez, de Corneille, Racine y Moliere, de Rubens y Rembrandt. También es la época de los bandoleros, la picaresca, los piratas y los corsarios.
La Universidades de aquel tiempo eran extraordinariamente clasicistas, y continuaron siendo así hasta el siglo XIX. La asimilación de las ideas científicas por esas instituciones es un fenómeno reciente, y coincide con el renacimiento de la Universidad; obviamente, no es una coincidencia casual. Sin embargo, el espíritu de la revolución científica nunca ha logrado integrarse del todo en la Universidad. No ha sustituido al Humanismo, ni se ha producido una síntesis entre las dos corrientes intelectuales. En la Universidad moderna, la del último siglo, hay una emulsión entre cultura científica y cultura humanística. A veces predomina una, a veces otra. Al principio, las sociedades científicas y las academias produjeron más ciencia que la Universidad. Más tarde, cuando la época de las sociedades científicas quedó atrás, la Universidad hubo de competir con otras instituciones. En nuestro tiempo la competencia viene de los grandes laboratorios industriales y de los institutos estatales de investigación. Unos y otros contribuyen al progreso de la ciencia, muchas veces con ventaja clara sobre las Universidades más poderosas del mundo. Nadie sabe exactamente a qué se
debe esta disociación, y se ha llegado a decir que en el futuro toda la creación científica quizá tenga lugar fuera de la Universidad. A los profesores universitarios de ciencias de mi generación, esta idea nos repugna profundamente. El motivo es que muchos, entre los que me cuento, hemos visto la carrera docente como la forma más idónea de ejercer la profesión científica. Por otra parte, no podemos dejar de reconocer que, en nuestra época, el papel social de la Universidad está muy alejado de ese ideal. Es difícil saber qué futuro nos espera en este asunto. Para lo que yo pretendo con estas cartas, basta con ser consciente de que la ciencia se originó fuera de la Universidad o incluso en contra de ella. De todos modos, tanto entonces como ahora, la mayor parte de los científicos han tenido formación universitaria, yen muchos casos han colaborado en el magisterio.
Haré todo lo posible por asistir a tu exposición y defensa. Estoy seguro de que te desenvolverás con brillantez, y con el más cautivador de los estilos.
Afectuosamente,