LA TEORÍA DEL PARADIGMA

LA TEORÍA DEL PARADIGMA
Begues, 18 de agosto de 1998
Querida Nuria:
Tienes toda la razón al preguntarme si en el tema de las dos culturas que traté en la carta anterior no hay que considerar la teoría del paradigma de T. S. Kuhn, de la que tanto se ha hablado, y que se sigue citando con frecuencia. De hecho, cuando ahora encontramos la palabra «paradigma» tenemos que preguntarnos si se utiliza con la acepción tradicional de ejemplo modelo o en el sentido que introdujo Kuhn. Hablemos de ello.
Para empezar, hay que tener claro que una teoría científica nunca puede ser demostrada al mismo nivel que un teorema matemático. Una teoría científica es simplemente una conjetura altamente probable, basada en las pruebas que se han podido obtener al respecto. Incluso las teorías más ampliamente aceptadas tienensiempre un pequeño componente de duda. A veces la duda disminuye, pero nunca desaparece del todo. Otras veces se pone de manifiesto que la teoría era incorrecta. Esta debilidad de la demostración científica ha originado las llamadas revoluciones científicas, en las que una teoría hasta entonces considerada correcta es sustituida por otra, que puede consistir en un mero perfeccionamiento de la anterior o ser totalmente opuesta a ella.
En «La estructura de las revoluciones científicas», Thomas Kuhn describe las historia de la ciencia como un proceso cíclico. Dentro de dicho proceso hay periodos de ciencia normal, caracterizados por un amplio consenso sobre cuáles son los fenómenos importantes y cómo se explican, sobre qué clase de problemas vale la pena abordar y sobre qué tipo de solución es asequible y aceptable. Es el concepto de paradigma introducido por el autor. Los periodos de ciencia normal terminan con una crisis, ya sea debida a nuevos experimentos, contradictorios con el paradigma establecido, o a contradicciones internas generadas a partir de las propias teorías admitidas. Tras un periodo de sobresalto, forcejeo y confusión, empiezan a surgir ideas extrañas que uno tiende a rechazar espontáneamente, pero que finalmente se imponen desencadenando una revolución: los científicos adoptan otra forma de ver las cosas. Se establece un nuevo paradigma y viene un nuevo periodo de ciencia normal.
La teoría de Kuhn es sugestiva, pero desde su formulación en 1960 ha sido objeto de una intensa polémica. Es posible que resulte admisible si se usa para comparar, como hace el propio Kuhn, la física aristotélica con la física newtoniana. Ahora bien, en vez de ver la física aristotélica como una mala física, uno también puede verla como una buena filosofía griega. De hecho, desde el punto de vista de la ciencia, se la puede considerar más bien un fenómeno intelectual protocientífico. En la física aristotélica se lleva hasta el extremo la construcción lógica de una teoría o epistema a partir de unos postulados. En esas condiciones, uno puede ser víctima de un postulado erróneo. Incluso en biología, a la que hace una aportación extraordinaria para la ciencia posterior, muchas veces Aristóteles es víctima de sus propios postulados. Si acepta la infinitud del tiempo, tanto en el pasado como en el futuro, cómo quieres que pueda dar un sentido histórico a la Scala naturae, que va desde los seres más sencillos a los más complejos? Si el tiempo es infinito, el concepto de evolución es absurdo.
Me parece que el geocentrismo y el heliocentrismo son un ejemplo más ajustado a la teoría de Kuhn que la física aristotélica y la física newtoniana. Tal vez también el galenismo de la medicina escolástica y humanística frente a la medicina moderna.
En uno y otro caso, desde la perspectiva de un científico moderno sería muy difícil aceptar una visión de las cosas basada en la teoría pasada de moda.
Si nos fijamos en cambios como el paso de la física newtoniana de los siglos XVIII y XIX a la relatividad de Einstein del XX, o el paso de la electrodinámica maxwelliana a la física cuántica, las cosas son bastante diferentes. Ambos representan una evolución, más que una revolución en el sentido de Kuhn. En la carta anterior ya he citado la distinción de Steven Weinberg entre la parte «dura» y la parte «blanda» de la ciencia. La primera no cambia y siempre es acumulativa. Las ecuaciones de Maxwell siguen siendo buenas en determinadas condiciones. Lo mismo puede decirse de la mecánica newtoniana tal como la dejaron formulada Laplace y Lagrange. La parte «blanda» sería la visión que nos formamos de la realidad para explicarnos a nosotros mismos porqué funcionan unas determinadas ecuaciones, que de hecho funcionan. En este sentido, quizá deberíamos incluir el geocentrismo y el heliocentrismo, e incluso los métodos y las recetas de la medicina galénica (o al menos algunos de ellos).
El núcleo duro del conocimiento científico es tan sólido y estable que resulta difícil evitar la impresión de que se trata de una respuesta inevitable a los continuos experimentos que la naturaleza hace con nuestra inteligencia. No sabemos cuáles serán las nuevas preguntas, pero sí que para resolverlas habremos de tener muy clara y muy presente la totalidad de ciencia dura que hemos llegado a acumular. Eso sí, manteniéndonos lo suficientemente ágiles como para evitar los prejuicios propios de la época, de modo que podamos cambiar nuestra visión de las cosas y de este modo incrementar la ciencia dura y estable.
Lamentablemente, la ciencia blanda es la que fascina a la mayoría de los humanos, y la que se difunde más fácilmente. Este tipo de ciencia puede hacer llegar a pensar, como han creído algunos seguidores de Kuhn, que las teorías científicas son construcciones sociales, no demasiado diferentes de la democracia, los derechos humanos o el fútbol. Por otra parte, los propios innovadores están inmersos en una visión de las cosas más propia de la etapa anterior que de la que vendrá tras ellos. Newton es más inteligible para un hombre de su época que para un hombre actual. Los propios Principia tienen muchos aspectos, como el estilo de su geometría, que son claramente prenewtonianos. Fueron sus sucesores los que elaboraron la mecánica newtoniana tal como la entendemos nosotros, igual que Heaviside dio a la teoría de Maxwell su forma moderna. La naturaleza impone la nueva teoría científica, pero lo hace a través de personas imbuidas de la visión precedente del mundo, y forzosamente condicionados por la cultura política y social de su tiempo. En cualquier caso, pasar de un paradigma a otro nunca es como cambiar de religión.
La idea de Kuhn invita a pensar en el cambio generacional. Las personas de diferente generación, los viejos y los jóvenes, los maestros y los discípulos habitualmente tienen dificultad para conciliar sus respectivos enfoques sobre mucha; cosas de la vida. Ello también ocurre entre los científicos. Recuerdo el espectáculo de Warburg, uno de los máximos expertos en fotosíntesis de su época, negándose a creer en los trabajos de Calvin. O la incredulidad de muchos físicos de reputación que no aceptaron la teoría de la relatividad. O, más recientemente, los astrofísicos que aún hoy rechazan la teoría del big bang. La dificultad también se produce a h inversa. Por ejemplo, un gran astrofísico contemporáneo como Chandrasekhan necesitó algunos años para transcribir los Principia de Newton a una forma que fuera finalmente asequible a los físicos actuales.
Efectivamente, en el curso del conocimiento científico hay periodos que podemos llamar de ciencia normal y periodos revolucionarios, pero sin los primeros no serían posibles los segundos. Unos y otros son interdependientes, y determinan una evolución progresiva e irreversible. El paradigma de Kuhn es un fenómeno cultural: no es más difícil para un físico de hoy entender la teoría de Maxwell que para un historiador las guerras carlistas. Estoy de acuerdo con Steven Weinberg cuando considera que la teoría de Kuhn sólo es aplicable si se compara la visión de las cosas de una etapa precientífica con la de la ciencia moderna. En la primera puede haber elementos útiles para hacer ciencia dura, pero sin posibilidad de continuidad conceptual: de ahí que la revolución sea imprescindible.
¡Ya está bien de paradigma! Ya sabes que tu hermano Ramón siempre me dice que no use tanto esta palabra.
Afectuosamente,