LE SIÉCLE DES LUMIÉRES Begues, 15 de agosto de 1984 Querida Nuria:

LE SIÉCLE DES LUMIÉRES Begues, 15 de agosto de 1984 Querida Nuria:
Con Newton como culminación del siglo XVII, el gran siglo de la Revolución científica, concluí la última carta. Unos días después, Serge y tú vinisteis a visitarnos, como estaba previsto, para pasar unos días de vacaciones en Begues. Recuerdo que, comentando las cartas y muchas otras cosas, hablamos del siglo XVIII, que ahora, siguiendo el hilo de nuestra historia, tenemos ante nosotros. En esta carta me he propuesto resumir lo que ese día dijimos acerca del siglo XVIII. Disculpa el carácter esquemático de lo que voy a contarte. Me ha parecido que, aunque fuera como un mero recordatorio, sería una buena pasarela para a continuación entrar en la ciencia del siglo XVIII, que de este modo emplazarás más fácilmente en el contexto de la evolución cultural.
De antemano conviene que recuerdes algunos hitos históricos. En nuestro país, el siglo XVIII comienza con la Guerra de Sucesión, que habría de traer el establecimiento de los Borbones. A la depauperada Cataluña de finales del siglo XVII sólo le faltaba seguir con tozudez la causa del perdedor. Vendría el once de septiembre de 1714, el Fossar de les Moreres y una buena ración de calamidades adicionales.
En Inglaterra se produce la Restauración, pero el Parlamento ya no dejaría de ser el poder ejecutivo. De este modo, las monarquías absolutas iniciarán su inexorable decadencia, y los ingleses podrán presumir de haber sido los primeros en instaurar un régimen parlamentario. En Rusia tenemos a los Romanov, que
durarán hasta la Revolución, ya en nuestro siglo. Con Pedro el Grande, Rusia se incorporará como una gran nación a la Europa del siglo XVIII. Recuerda también al Imperio austrohúngaro, que en esa época constituirá el dique de contención del Imperio otomano. Por su parte, el Imperio otomano asumirá la representación del Islam en la Edad Moderna, tras el gran periodo mongol. En Centroeuropa y en los países nórdicos subsiste un cúmulo de pequeños reinos y principados, algunos de los cuales aún habrán de conservar durante largo tiempo un régimen casi feudal, hasta las guerras napoleónicas.
El siglo XVIII es el de los Borbones en Francia, España e Italia. Los estados papales están en decadencia, y lo mismo ocurre con las célebres repúblicas italianas, tan vinculadas al desarrollo de la ciencia en los siglos XVI y XVII. Federico el Grande de Prusia también representará una singularidad significativa en la historia de Europa. El latín como lengua culta tendrá un gran competidor en el francés. El siglo XVIII es el gran siglo de la lengua francesa. De hecho, el francés es la lengua del siglo XVIII, y establece un nuevo protocolo en las relaciones internacionales, igual que en las afectivas y en los grandes actos académicos.
La campana de la historia sonará tres veces en el siglo XVIII para aglutinar los espíritus bajo un nuevo signo de los tiempos: la conquista británica de la India (1760), la guerra de la Independencia norteamericana (1776), con la consiguiente incorporación de ese gran país a Occidente, y la revolución francesa (1789).
El siglo XVIII es el siglo de los nacionalismos, con un cambio radical de mentalidad que nos llevará hasta el movimiento romántico. El carácter unitario de la ciencia del XVII va desapareciendo y sus representantes son cada vez menos polifacéticos y más sedentarios. Aquella magnífica convección de científicos típica del siglo XVII, y heredada del XV y el XVI, ha desaparecido.
El movimiento romántico agudiza las diferencias entre los pueblos y genera el concepto místico de patria o nación. Del área geográfica delimitada por la soberanía de un monarca se pasa a la toma de conciencia del concepto de pueblo o país, como una especie de gigante individualizado con su propia voluntad personal. Se invierte la tendencia psicológica dominante. En el siglo XVII, el ideal es el self-control, la objetividad, el orden y la estabilidad social. El siglo XVIII es el de los soñadores, de los apasionados y, al menos en teoría, de los que consideran degradante todo aquello que conduce simplemente al confort y la seguridad.
El gran triunfo de la física newtoniana determinó un cierto estancamiento de la ciencia durante el siglo XVIII. Por otra parte, parece que ello sirvió para dedicar más atención a campos que habían quedado rezagados, como la química, la electricidad e incluso la biología. Del mismo modo, algunas naciones que habíanpermanecido al margen de la revolución científica se ponen al día con más o menos energía, impulsadas por lo que se denomina corriente liberal. España es una de ellas. En los reinados de Fernando VI y Carlos III se hace un intento más o menos exitoso de recuperar el tiempo perdido, que por desgracia no hallaría continuidad en sus sucesores. Los gobiernos españoles de la época de la Ilustración fundarán con Josep Quer el Jardín Botánico de Madrid (1755), intentarán la emigración de Lagrange y lograrán la de Proust. Es gracias a los discípulos de este último, y a otros que hicieron sus estudios en el extranjero, que los españoles podemos alegrarnos de haber contribuido al decubrimiento de nuevos elementos como el platino (Ulloa, 1775), el tungsteno o wolframio (Elhuyard, 1783) y el vanadio (Río, 1801). En esta misma línea has de considerar la participación de Jordi Juan (1713-1773) en la medición del grado de meridiano. Juan fue por otra parte un gran marino, igual que lo sería Churruca, malogrado en Trafalgar. También es característico el florecimiento de los Colegios de Cirugía, el primero de los cuales fue el de Cádiz, fundado por Pere Virgili en 1748. Este gran cirujano catalán también pondría en marcha el de Barcelona, en 1760. Entre sus discípulos destaca Antoni de Gimbernat (1734-1816), pensionado por Carlos III para estudiar en el extranjero, donde alcanzó gran fama. Estando en Londres en 1777, asistió a las lecciones del famoso cirujano inglés Hunter. Al tratar de la hernia crural, Hunter resaltó el gran riesgo que conllevaba, ya que uno podía seccionar la arteria epigástrica o el cordón espermático; en el mejor de los casos, la sección del ligamento de Poupart era inevitable. En ese momento Gimbernat se dirigió a Hunter y le expuso las ventajas de su propio método quirúrgico. Entonces Hunter pronunció en público aquel contundente You are right, Sir, añadiendo que en adelante él mismo adoptaría ese tipo de cirugía. Gimbernat también fue fundador del Colegio San Carlos en Madrid. En el antiguo Hospital de la Creu i Sant Pau de Barcelona, donde hoy se encuentra la Real Academia de Medicina, puedes contemplar, en el centro del anfiteatro, su mesa de operaciones. El espíritu de la Junta de Comercio de Barcelona es también representativo de estos nuevos aires. Recuerda que fue esa institución la que promocionó a Orfila (1787-1853), que acabaría integrándose en la ciencia francesa, en París, y que puede ser considerado el creador de la moderna toxicología.
En el siglo XVIII, el Nuevo Mundo entra a formar parte activa del curso de la ciencia. Su papel iría aumentado progresivamente, hasta alcanzar un protagonismo máximo en nuestro siglo, tras la Segunda Guerra Mundial. A partir del siglo XVIII, la revolución científica dejó de ser un movimiento exclusivamente europeo. Como hito de la entrada de los Estados Unidos de Norteamérica puede servir la fundación de la American Philosophical Society en Filadelfia, por Benjamin Franklin, en 1743.
Quizá el cambio más importante registrado en Occidente en el siglo XVIII sea el paso de la economía agraria a la del carbón. Durante milenios, el hombre había empleado energía solar mediante la fuerza hidráulica, la eólica y la combustión de la leña. El carbón mineral no es más que energía solar fósil, pero su uso sistemático como combustible produjo una evolución técnica y social sin precedentes. Los mercaderes y pequeños fabricantes se convertirán en financieros y grandes industriales. Este cambio se produce principalmente en las zonas donde la Revolución científica había tenido más fuerza, y ello no es causal. Son Inglaterra, los Países Bajos y el norte de Francia. La burguesía puede financiar la producción con expectativas de un gran beneficio, en un mercado cada vez más extenso. Ello fue facilitado por el desarrollo de la navegación. Los antiguos artesanos y mercaderes quedarían escindidos en dos grupos radicalmente diferentes: de un lado, los jornaleros; del otro, los grandes fabricantes. Estos últimos tendrían en sus manos un poder que antes sólo habían tenido algunos príncipes y monarcas. De este modo, llegaron a competir con éxito con la nobleza y los grandes terratenientes.
El uso del carbón va unido a una gran renovación de la minería, y a un progreso importante en la fabricación de hierro y acero. El siglo XVIII es el siglo de la máquina de vapor y la mecanización de la industria textil, rasgos que caracterizan la llamada revolución industrial. No creas que ésta fuera una consecuencia directa de la revolución científica. La revolución industrial tuvo más influencia en el desarrollo de la ciencia que viceversa. De hecho, hay un fuerte feed-back entre ambas corrientes, y a partir de finales del siglo XIX la influencia del progreso científico sobre el desarrollo tecnológico será predominante. Los primeros exponentes de este fenómeno fueron la industria química y la eléctrica. Esto se irá acentuando, y en el siglo XX la ciencia presidirá y determinará el proceso tecnológico. A causa de este cambio radical, algunos consideran que se puede hablar de una primera y una segunda revolución científica.
La revolución industrial del siglo XVIII crea la figura social del ingeniero, diferente de la del científico. Esta diferencia ha perdurado hasta nuestros días. Paralelamente se crea la antinomia entre el práctico o experto y el teórico, prejuicio totalmente erróneo que persiste en la mentalidad de mucha gente. El conocimiento científico siempre es práctico: ha de funcionar o deja de ser válido. No hay ciencia teórica y ciencia práctica, sino en todo caso buena y mala ciencia.
Como has visto, durante el siglo XVII domina el pensamiento científico orientado hacia una mejor comprensión del mundo mecánico, susceptible de ser descrito en términos matemáticos. En el siglo XVIII surgirá una voluntad de realizaciones prácticas que constituirán hitos importantes para el desarrollo de latermodinámica, la química y la electricidad. No hay ninguna discontinuidad radical y todo interacciona: ciencia, técnica, economía y política. Hoy, con suficiente perspectiva histórica, podemos situar el momento clave de la revolución industria entre 1760 y 1770, mientras que la revolución política se produce entre 1760 y 1830
En el siglo XVIII los núcleos de impulso científico en Gran Bretaña, que hasta entonces habían estado en Oxford, Cambridge y Londres, pasan a Edimburgo y Birmingham, ciudades en las que se produce el principal desarrollo industrial En Francia, donde se encuentra el otro foco de progreso, ocurre que, en contra de lo sucedido hasta entonces, cada vez se produce con más independencia del podes político. Paralelamente, todas las mentes avanzadas de Francia se orientan hacia un cambio de régimen. La obra representativa de esta situación es la gran Encyclopédie ou Dictionaire Raisonné des Sciences, des Arts et des Métiers. publicada en veintiocho volúmenes entre 1751 y 1772, gracias principalmente a la actividad de Diderot (1713-1784) y D’Alembert (1717-1783). En principio, todos los gobiernos revolucionarios dieron gran importancia a la ciencia, pese a aquello de que la République n’a pas besoin de savants con que un tribunal popular despachó el recurso contra la condena de Lavoisier. De hecho, algunos científicos importantes como Monge (1746-1818) y Carnot (1796-1872) fueron republicanos entusiastas y participaron activamente en la nueva administración. Otros, en cambio, como Bailly (1736-1793), Condorcet (1743-1794) y el gran Lavoisier (1743¬1794) cooperaron inicialmente, pero ya fuera por los lazos que mantenían con el antiguo régimen, por su disconformidad con el curso que tomaban las cosas o por otra causa, lo cierto es que pagaron el tributo de sus vidas. Es lo que simboliza el personaje de Andrea Chénier.
Otros cambios importantes del siglo que estamos empezando a tratar son la introducción del sistema métrico (1799) y la reforma de la enseñanza, que a mitad del siglo XIX se habrá extendido a toda Europa. Se introduce la planificación de los estudios superiores y se constituyen cuadros orgánicos de profesores contratados por el Estado en calidad de funcionarios, en principio elegidos entre los expertos más eminentes en cada materia. Este tipo de profesor sustituirá al noble amateur, al clérigo ilustre y al médico científico. Desaparecerán otras cosas características del siglo anterior, como las cátedras subvencionadas por una fundación de un gran mecenas. También se produjo una reacción en la que florecieron un gran número de heterodoxos, embaucadores y sabios locales (les savants sont tout á fait différents des sages)17
La corriente de pensamiento conocida con el nombre de Ilustración, de la que la «Encyclopédie» constituye una expresión fidedigna, se puede considerar una
17 Juego de palabras que contrapone al sabelotodo con el hombre sensato y experimentado.
continuación del espíritu racionalista del siglo XVII. Ahora bien, en el propio siglo XVIII surgirán como reacción el Romanticismo y el Idealismo alemán. Este último será responsable de una separación radical entre ciencia y filosofía, tras la cual hallaremos grandes científicos que menospreciarán la filosofía como una mera palabrería burda que no va a ninguna parte, y una multitud de filósofos con una tranquila y pavorosa ignorancia del conocimiento científico. En cualquier caso, de los filósofos de finales del siglo XIX provienen una serie de ideas con notable influencia en el mundo contemporáneo, probablemente más que el propio materialismo derivado de la Ilustración. El objetivo perseguido es la felicidad del género humano, basada en el mayor grado posible de libertad para disfrutar de la vida en paz y con el mayor bienestar, dejando a un lado las reglas tradicionales de conducta. Estas corrientes del siglo XVIII representan una reacción espiritualista, que se puede justificar por la decepción ante la esperanza de que la ciencia proporcionaría una doctrina convincente acerca de la existencia humana. La ciencia no ha alcanzado un objetivo de ese tipo ni entonces ni ahora, pero me parece que esto no es motivo para volverse contra ella, teniendo en cuenta que constituye el único recurso del hombre para afrontar las dificultades inherentes a su propia permanencia en la tierra.
La corriente espiritualista del siglo XVIII tiene como precursores lejanos a Paracelso y van Helmont, de quienes ya te hablé en su momento. En relación con el desarrollo científico, los principales representantes de esta corriente son Stahl, Swedenborg y Wolff. Sus juicios sobre la vida se fundamentan en la consideración de los fenómenos naturales como una expresión de poderes espirituales, de modo que la explicación mecánica constituye un aspecto superficial. En rigor, esta actitud intelectual es vieja, y tú misma podrás comprobar por lo que llevo escrito que se encuentra en el pensamiento occidental desde los antiguos griegos. La he citado repetidas veces, y creo que en conjunto la puedes considerar como una actitud paracientífica. Siempre se encuentra vinculada a doctrinas morales, políticas e incluso religiosas, así como a una irresistible tentación del género humano hacia la sabiduría irracional, secreta o mística. Sea como fuere, se puso de moda a medida que avanzaba el siglo XVIII, y ha persistido hasta nuestros días.
La figura principal del Idealismo alemán es Immanuel Kant (1724-1804). Se le considera uno de los máximos exponentes de la filosofía de todos los tiempos. Estuvo influido por las corrientes espiritualistas de las que te hablaba, y al final las rechazó. Tiene estudios sobre filosofía natural, pero sin gran interés. Su punto fuerte es la filosofía crítica, y es innegable que representó un gran avance. Considera el espacio y el tiempo como dos conceptos a priori, es decir, anteriores a la experiencia. También sería apriorística la idea de causa. Sobre esta base, los conocimientos obtenidos a posteriori, tras la experiencia, sólo tienen sentido enlos términos de la ciencia natural. Dicho conocimiento no tiene porqué desvelarno la realidad en sí misma. Las propias leyes naturales han de ser forzosamente subjetivas, dado que están basadas en nuestra capacidad de conocimiento, que es común a todos los hombres, y por tanto apriorística. Del significado intrínseco de las cosas no se puede decir nada. Sólo podemos describir el fenómeno. Si hay influencias de un mundo espiritual, escaparán por completo a nuestro conocimiento La ciencia no puede hacer juicios de valor, y nunca nos dirá qué es el alma, Dios o el libre albedrío, o si todas esas cosas son sandeces.
La influencia de Kant ha sido muy grande, principalmente sobre el pensamiento filosófico posterior pero también sobre el modo de pensar de los hombres de ciencia. Toma lo que te he dicho de Kant como una simple alusión, y en ningún caso como una sinopsis de su pensamiento. Es el punto de partida de la filosofía de Herder (1744-1803), Fichte (1762-1814) y Schelling (1775-1854). Me resultaría extremadamente difícil escribir con brevedad algo que fuera inteligible y exacto acerca de su pensamiento. Además, tampoco viene muy al caso para lo que nos interesa en este momento. De todos modos, no puedo resistirme a decirte que Schelling resulta casi imposible de leer para una mentalidad contemporánea de tipo científico. No hay manera de poner en pie lo que dice. Sin embargo hay que reconocer que influyó sobre el pensamiento histórico natural de la segunda mitad del siglo XIX. Ya haré alusiones concretas al respecto, cada vez que venga al caso.
Dentro del Idealismo alemán, finalmente encontramos a Hegel (1770-1831), cuya influencia sobre el pensamiento posterior fue mucho mayor que la de los filósofos antes citados. Es la fuente de Marx y de Marcuse, a mi entender todos igual de aburridos. El método dialéctico de la tesis y la antítesis para llegar a la síntesis no es radicalmente nuevo, pero constituye una magnífica descripción del modo de proceder del intelecto humano, tras analizar la historia del pensamiento. Hegel es considerado el padre de la filosofía de la historia, y el creador del método dialéctico seguido por Marx. Desde nuestra perspectiva, puedes considerarlos unos platónicos tardíos, en el sentido de que nos presentan doctrinas idealistas, puramente especulativas.
¿Te acuerdas de le veau d’or est vainqueur des dieux?” Bien, esto es de Jules Barbier y Michel Carrer, pero se basa en el «Fausto» de Goethe. Éste es uno de los más grandes personajes de la cultura occidental de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. Sabrás que con su Werther lideró el movimiento romántico en la literatura. Es uno de los grandes poetas de este periodo, junto con Schiller y Heine. Los tres elaborarían un nuevo idioma alemán sobre la base del hochdeutsch, que sería la lengua de la gran universidad alemana del siglo XIX. Goethe es un
N. T Pasaje de la ópera «Fausto» de Gounod
gran hombre de mundo, polifacético e interesado por la filosofía natural. Si no desfallezco en mi intento, en las próximas cartas hablaremos de él en varias ocasiones. Son célebres sus libros sobre la teoría de los colores y sus hallazgos anatómicos en el hombre y el orangután, así como sobre la metamorfosis de las plantas. Pese a todo, principalmente es un gran artista, y tengo la impresión de que su aportación científica ha estado con frecuencia sobrevalorada. Él mismo, hacia el final de su vida, cometió la bobada de considerarla superior a su obra literaria.
Desde nuestra perspectiva, el Idealismo alemán se puede ver como una contrarrevolución científica, con efectos positivos y negativos. Conviene que lo tengas en mente como el contexto cultural en el que se desarrolla la ciencia natural durante la segunda mitad del siglo XVIII y la primera del XIX.
No quisiera cerrar esta carta sin recordarte los grandes aspectos de la biología del siglo XVIII. Es la época de la Sistemática vegetal y animal, con figuras como Linneo, Buffon y Cuvier, entre otros. También progresan la química de la combustión y la física de los gases, que desde el flogisto de Stahl nos llevará a la química moderna con Lavoisier, con sus grandes consecuencias para la comprensión de la respiración y la fotosíntesis. También hay que destacar que en el siglo XVIII se establecen las bases de la teoría de la evolución.
Espero que podamos seguir hablando de todo ello.
Afectuosamente,