MÁS SOBRE LOS ANTIGUOS JONIOS

MÁS SOBRE LOS ANTIGUOS JONIOS
Begues, 10 de julio de 1983
Querida Nuria,
La Escuela de Mileto de la que hemos estado hablando termina el 494 a.C. cuando la ciudad fue invadida por los persas. Como sabes, aún debemos tratar sobre una de sus grandes figuras. Para que la carta anterior no fuera excesivamente larga, fue cerrada cuando iba a empezar Anaxímenes.
Anaxímenes vivió hacia el 550 a.C. y posiblemente fue amigo y quizá discípulo de Anaximandro. Para él, el aire es por un lado la «arche» y por otro la «psyche». Con la primera idea retornamos un poco a Tales, por cuanto la «arche» vuelve a ser algo directamente perceptible, y con la segunda a Anaximandro, porque la «psyche» es lo mismo. Pese a todo, el aire de Anaxímenes viene a ser una síntesis de lo que Tales veía en el agua y Anaximandro en el «apeiron».
En el pensamiento de Anaxímenes hay dos términos clave: la ratificación y la condensación. El aire rarificado es el fuego. Al condensarse se convierte en niebla, luego en agua, luego en barro, en tierra y finalmente en las piedras, sin que ninguno de estos sea un elemento en sentido estricto. Observa que aquí subyace la interesantísima idea de que los cambios cualitativos pueden ser explicados por cambios cuantitativos.
Ya te hablé de los conceptos de microcosmos y macrocosmos de los antiguos griegos como un fundamento de la relación entre la biología y la física. Así Anaxímenes deduce su cosmología de su biología. El aire es fundamental para la vida y el mantenimiento del «zoe», contrarrestando la tendencia natural hacia la desorganización.
Cuando Aristóteles, más tarde, establece la capacidad de automantenimiento como una característica fundamental de los seres vivos que comprende reproducción y nutrición, sigue probablemente las ideas de Anaxímenes. En cualquier caso, en la historia de la biología el aire o «pneuma» ha jugado un gran papel, que quizá iremos describiendo en cartas posteriores. Todavía hoy, tras un estornudo se suele decir «salud», «Jesús» u otras invocaciones parecidas, y ello viene de la vieja idea de que en una espiración tan violenta se nos puede escapar todo el «pneuma» y morir. De hecho, desde antiguo se sabe que el moribundo espira en el «exitus».
Con los persas termina Mileto, pero su influencia se extendió por todas partes y, ya ves, ha llegado hasta nosotros. Así, la idea del agua de Tales fue desarrollada en la antigüedad por Hipón de Samos (450 a.C.), sobre todo en su relación con las propiedades de la materia viva. Se le ha encontrado un gran parecido con las ideas de Arnau de Vilanova, que las derivó de los árabes. Mas tarde Fernel y Paré hablan del mismo modo y en el humor primario con el que, según Harvey, siempre se inicia la vida, subyace la misma idea (siglo XVII). Podríamos añadir también a Wolff, Treveranus y Dujardin, en el siglo XIX.
Las ideas de Anaxímenes fueron reformuladas por Diógenes de Apolonia hacia el 455 a.C. Curiosamente este autor retorna al monismo milesiano cuando éste ya había sido sustituido de forma general y perdurable por el pluralismo de Empédocles y Anaxágoras. Desarrolla una psicobiología primitiva en la que el aire juega un gran papel. Asocia el frío y el calor a ciertos estados del aire. La «psyche» es una especie de aire cálido. Suya es también la idea de que sólo el padre interviene en la generación, expresión de una voluntad de hegemonía masculina que de hecho influiría en las ideas sobre la reproducción hasta el siglo XIX.
Es fácil encontrar en la literatura de los siglos XVII y XVIII alusiones a una mezcla inadecuada de aire en la sangre como causa del dolor en casos muy diversos. También se entiende la sensación de placer como resultado de una mezcla óptima, a la que quizá se llega mediante un suspiro. Todo esto se originó con Diógenes de Apolonia.
Aristóteles dice que, mientras que el agua, el aire y el fuego fueron elegidos como «arche» por los primeros monistas, la tierra no tuvo ningún partidario. En el Timeo, Platón también la considera resultado de la transformación de los otroselementos. Sin embargo, se conoce una obra de la colección hipocrática (siglo V a.C.) en la que se afirma que algunos de los primeros pensadores también tomaron a la tierra como «arche». Todo hace pensar que se refieren a Xenófanes (500 a.C.).
El rasgo más característico del pensamiento milesiano es el de buscar sistemáticamente la causa de las cosas en las cosas mismas, que es lo que hace la ciencia. Dicho de un modo mejor, que las propiedades de las cosas son inmanentes a la materia. Ello da a todas sus ideas un carácter naturalista totalmente diferente del de otros autores de la antigüedad.
Los pensadores de la escuela de Mileto excluyen por completo tanto la necesidad de un dios creador como la de un dios mantenedor. El alma existe, sí, pero es un elemento. De este modo, en «Las leyes» Platón nos cuenta que aquellos sabios enseñaban que las cosas existen por sí mismas y actúan por sus propiedades inmanentes. La intencionalidad es un resultado posterior que a la vez es caduco. Para ellos la moral y la religión son productos de la intencionalidad humana. Por tanto, el mundo actual está más próximo al pensamiento de estos hombres de la antigüedad que al de la mayoría de los que les sucedieron durante muchos siglos.
Ya te hice notar que Anaximandro es el primero que piensa en una evolución cosmológica a partir del «apeiron», al que se retorna en ciclos evolutivos sucesivos. Es evidente que, fuera cierto o no, esto no podía comprobarse, pero la idea era placentera y diferente de las mitologías. En efecto, podríamos pensar que una evolución que retorna al punto de partida puede ser como una circunferencia, en oposición a otro tipo de evolución que se aleja siempre del punto de partida. También podría haber retornos aparentes, como nos sugiere una línea espiral o mejor aún las curvas de un tornillo, de modo que, cuando volvemos a encontrar el origen, a la vez hemos avanzado en una dirección. Y me dirás ¿de qué les servía a aquellos hombres hacer esta clase de suposiciones? Simplemente disfrutaban haciéndolas. El propio Aristóteles lo dice así en el primer párrafo de su Metafísica. Es decir, nació la idea de que pensar y reflexionar podía ser divertido (hasta el extremo de que en algún caso ha llegado a considerarse un vicio). Igualmente yo espero que estas cartas te sean placenteras.
No quiero terminar ésta sin resaltar que hay otra justificación en este placer de pensar. Tiene una especie de fuerza liberadora frente a otros aspectos de la cultura de aquella época y de todas; esta faceta no la consideraremos ahora. Libera de las supersticiones, del yugo de la idea de destino y fatalidad, de ser juguete de fuerzas caprichosas sobrenaturales. Por eso el pensamiento milesiano es una auténtica revolución intelectual, además de representar los primeros gimoteos de un recién nacido llamado ciencia. Quizá recordarás que en otro lugar escribí acerca de la
grandeza y la fuerza liberadora que hay en una visión cosmológica de las cosas 4. Es como si fuéramos capaces de verlo todo en conjunto y desde fuera.
Afectuosamente,