NEWTON COMO CULMINACIÓN DEL SIGLO XVII

NEWTON COMO CULMINACIÓN DEL SIGLO XVII
Begues, 29 de julio de 1984
Querida Nuria:
La invención del barómetro y el descubrimiento de la presión atmosférica son avances producidos en el siglo XVII. Parece que el origen de estos descubrimientos fue circunstancial. En el año 1640, el Gran Duque de Toscana tuvo el capricho de colocar unos surtidores en la terraza de su palacio. Las bombas instaladas al efecto no lograron hacer subir el agua más de treinta y cinco pies –unos diez metros–desde el nivel de los pozos. El Duque escribió a Galileo describiéndole lo ocurrido, con objeto de buscar una solución. Fue Evangelista Torricelli (1608-1647), uno de los discípulos de Galileo, quien dio la explicación acertada. Cuando se levanta el émbolo de una bomba aspirante, por debajo se hace el vacío, y la presión
atmosférica que se ejerce sobre el líquido libre hace entrar el agua por el tubo de aspiración. Ahora bien, como te decía antes, el agua sólo puede subir unos diez metros como máximo. Torricelli tomó un tubo de cristal de un cuarto de pulgada de diámetro y cuatro pies de longitud, cerrado por un extremo. Lo llenó de mercurio y, tapando con el dedo el extremo abierto, lo introdujo en una palangana llena de mercurio, dejándolo en posición vertical y con el extremo cerrado en la parte superior. Torricelli había previsto que el mercurio descendería por su propio peso, hasta equilibrarse con la presión atmosférica. Dado que el mercurio es unas catorce veces más pesado que el agua, la altura sería 35/14 pies = 2,5 pies, es decir, unos 76 cm. La previsión se cumplió con toda exactitud, dejando por encima de la columna de mercurio el llamado «vacío torricelliano». Para solucionar el problema del Duque de Toscana, bastó con colocar las bombas a menos de diez metros por encima de la superficie del estanque de captación, y empujar el agua hacia arriba con suficiente potencia. Al mismo tiempo, se había inventado el barómetro. El propio Torricelli fue el primero en observar que la altura de la columna de mercurio tenía pequeñas fluctuaciones de un día a otro, y también que descendía sistemáticamente a medida que aumentaba la altitud del sitio de determinación. Todo ello fue confirmado por Descartes y Pascal. El fenómeno también fue investigado por Huygens, Halley y Leibniz, y todos llegaron más o menos a la misma conclusión: a 5.000 metros de altitud, la columna barométrica se reduciría
a la mitad con respecto al nivel del mar.
Galileo inventó el termómetro de aire, que consistía en una bola de cristal llena de aire, conectada a un tubo sumergido en un líquido. La altura del líquido dentro del tubo disminuye con la temperatura, pero también depende de los cambios barométricos. Más tarde (1612) Galileo inventó el termómetro actual, aunque con unos apéndices muy largos y una escala arbitraria. Algunos de estos aparatos construidos por Galileo, en su día pertenecientes a la Academia del Cimento, se conservan en el Museo di Storia della Scienza de Florencia. Ante nuestros ojos
resultan muy poco refinados.
No basta con el barómetro y el termómetro. Otro instrumento que habría de desempeñar un gran papel en el desarrollo de la ciencia moderna, y que también fue inventado en el siglo XVII, es la bomba neumática. Fue ideada por Otto von Guericke (1602-1686), burgomaestre de Magdeburgo, ciudad de Prusia. Son célebres los llamados «hemisferios de Magdeburgo», fáciles de separar antes de extraer el aire con la máquina neumática. Después de hacer el vacío, ni siquiera dos tiros de dieciséis caballos cada uno, tirando en sentido opuesto, lograban separarlos. Otto von Guericke también inventó la primera máquina eléctrica, que consistía en una bola de azufre que se cargaba de electricidad al hacerla girar bajo la presión de las manos. Observó quelos cuerpos se podían electrizar con cargas de dos tipos diferentes. Cuando tenían carga del mismo tipo se repelían; de lo contrario, se atraían.
Con el telescopio, el microscopio y la balanza, así como con el termómetro, el barómetro y la máquina neumática, la revolución científica introduce la utilización rutinaria de instrumentos. Con ellos se amplía enormemente la capacidad exploradora de nuestros ojos y la pericia de nuestras manos. Desde ese momento el desarrollo de la instrumentación será incesante y progresivamente acelerado hasta llegar a la sofisticación de los observatorios y laboratorios modernos. El progreso científico se irá haciendo dependiente de la construcción de costoso: equipos, y del desarrollo de tipos concretos de tecnología.
Robert Boyle (1627-1691) es una de las figuras más destacadas de la Royal Society, y ya lo hemos citado varias veces. Junto con Hooke, perfeccionó la máquina neumática y logró demostraciones definitivas de la compresibilidad y el peso de aire. Es el célebre experimento de la esfera de cristal que pesa menos después de hacer el vacío en su interior. Boyle observó que el aire era imprescindible para la respiración y para la combustión, y que en ambos procesos se consumía una parte del mismo. De hecho, esto es un predescubrimiento del oxígeno, y con él se escribe
una de las páginas más brillantes de la Historia de la Ciencia, que abarcaría más de un siglo.
Boyle demostró experimentalmente, usando un tubo en U cerrado por un extremo e introduciendo por el otro cantidades definidas de mercurio, que el volumen del gas era inversamente proporcional a la presión, siempre que la temperatura fuera constante. Con este principio se inauguró la Neumática, una rama de la Física que habría de ser decisiva para el desarrollo de la Química.
Aunque el principio de la conservación de la materia no se enuncie formalmente hasta Lavoisier, es muy posible que desde Arquímedes estuviera más o menos implícito en el pensamiento de muchos. Es obvio que, desde la Antigüedad, todos los comerciantes lo aplicaban empíricamente en sus transacciones. Ahora bien, del modo que lo vemos hoy, dicho principio representa mucho más, y es el resultado de tres siglos de ciencia experimental. La teoría moderna de la materia comienza cuando Gassendi rehabilita la vieja teoría atómica. Su definición de átomo –una partícula de masa que se mueve en el vacío– probablemente fue aceptada sin reparos por Boyle y Newton.
Una de las obras más importantes de Boyle es Skeptical Chymist (1661). Representa el fin de la doctrina de los cuatro elementos, y el comienzo de la química moderna. «Los elementos son ciertos cuerpos simples que no están hechos de otros, y que son capaces de componerse para dar lugar a los cuerpos mixtos,
que llegado el caso pueden resolverse en ellos.» Se trata realmente del concepto moderno de elemento, y no parece que sea una idea original de Boyle sino de un modesto profesor alemán de Hamburgo llamado Joachim Jung (1587-1657). Éste la hizo pública en 1642, y Boyle se enteró en 1654 por una carta del propio Jung. Boyle introduce el uso de indicadores para averiguar el carácter ácido o básico de las soluciones, y aisla el fósforo elemental. Es uno de los principales líderes de la llamada filosofía corpuscular, que fue adoptada por Newton en su Optiks y por el filósofo Locke (1632-1704) en su célebre An Essay Concerning Humane Understanding (1690).
La ciencia del siglo XVII culmina en Isaac Newton, nacido en 1642, exactamente el año de la muerte de Galileo. Uno y otro serían los dos hombres clave de la revolución científica.
Newton nació en el seno de una familia de la burguesía rural, una clase de la que salieron muchos hombres importantes de la Inglaterra de aquella época, incluido el propio Cromwell. Newton estudió en Cambridge, donde apenas destacó en ningún aspecto. Se dice que fue el catedrático de matemáticas Isaac Barrow el primero en fijarse en las aptitudes intelectuales del joven Isaac, hasta el punto de proporcionarle un puesto en la Universidad (1669). Por tanto, Newton no tuvo que hacer ningún gran esfuerzo para entrar en Cambridge. Siempre cumplió meticulosamente sus obligaciones, y en la cima de su fama representó a su Universidad en el Parlamento. Al final de su vida, en la época de la reina Ana, fue nombrado tesorero real. Murió en 1727 y fue enterrado en la abadía de Westminster. Ahora bien, todo lo que él fue se encuentra en su obra inmensa, una de las más grandes de la Historia de la Ciencia. Fue un hombre que pasaba casi de todo: no se le conoce ninguna pasión afectiva, refractario al amor y la amistad, insensible a toda clase de placer y con una única y fija orientación hacia el trabajo intelectual, sin interés por ninguna recompensa y sin la mínima ambición. Esta idiosincrasia confundía a mucha gente. Con frecuencia le preguntaban cómo era posible que no hubiera decidido ordenarse Sin darse por aludido y con la mayor naturalidad, Newton contestaba que no le parecía adecuado, dado que no podía evitar tener dudas sobre algunos aspectos del dogma. De todos modos, tuvo preocupaciones religiosas, y dejó algo escrito sobre la cronología bíblica. Tenía un temperamento muy autocrítico, pero le irritaban las preguntas de los ignorantes y las objeciones de las personas insuficientemente preparadas. Parece que toleraba a los demás a base de dedicarles muy poca atención o de mantenerse respetuosamente alejado de ellos. Tardó veinte años en publicar la teoría de la gravitación universal, con objeto de acumular pruebas suficientes. La propia ley de la fuerza centrífuga, atribuida a Huygens, había sido descubierta por Newton diez años antes. Eso sí, no la había publicado. Newtontuvo la fortuna de suscitar la amistad y la admiración de Halley. Éste se convirtió en un extraordinario y eficaz promotor suyo, y lo defendió eficazmente en polémicas académicas, como una muy célebre que Newton tuvo con Hooke. Newton fue presidente de la Royal Society, y su representante más ilustre en la segunda etapa de esta institución. Escribió en latín y en inglés. Sus obras más importantes son los Philosophiae Naturalis Principia Mathematica y la Optiks. Los tres puntos álgidos de su aportación científica son la gravitación universal, el cálculo infinitesimal y la teoría de la luz y de los colores.
No sabría decirte por qué, encuentro algo de reconfortante al constatar una especie de indentidad en el espíritu humano. San Agustín, tan diferente y lejano del hombre que nos ocupa, escribió: «Caminando a la orilla del mar, meditaba sobre el misterio de la Trinidad. De repente encontré un niño que había hecho un hoyo en la arena. y con una gran concha recogía agua y la echaba dentro. «¿Qué estás haciendo? –le pregunté– ¿Cómo puedes hacer esto con lo grande que es el mar?. Te diré una cosa –contestó el niño– no creo que tú estés empeñado en resolver un problema más fácil.» Trece siglos más tarde, Isaac Newton escribía en una nota: «No sé qué parezco a los demás, pero yo me veo como un niño que se entretiene en la orilla del mar buscando conchas, y que de repente, mirando la inmensidad del mar, se pregunta cuántas cosas que nadie conoce debe esconder.»
Newton es un inglés del siglo XVII, y su estilo ya es muy diferente del de los autores de épocas anteriores. Para que te hagas una idea, te transcribo un fragmento de una carta enviada por Newton a Boyle: «He dejado pasar tanto tiempo antes de enviarle mis ideas sobre las propiedades físicas de que hemos estado hablando que, si no fuera porque me siento obligado por una promesa, creo que tendría la obligación de avergonzarme de enviárselas finalmente. Lo cierto es que mis ideas en relación con ese tema aún están poco trabajadas. No estoy satisfecho de ellas, y no puedo considerarme digno de comunicar a otro lo que a mí me parece tan poco convincente, sobre todo tratándose de filosofía natural, en la que si nos ponemos a especular por especular no encontraremos límite. Pese a todo, y aprovechando la ocasión de que un amigo común me haya hecho saber que va a proporcionarle la incomodidad de una visita, me ha resultado imposible dejarle partir sin convertirle en mensajero de la carta que ahora tiene en sus manos.»
Es famosa la frase Hypotheses non fingo, que se encuentra casi al final de los «Principia». El término «hipótesis» se usa aquí en su sentido original, y no en el que empleamos actualmente. En cualquier caso, lo que Newton quería decir era que no hacía suposiciones gratuitas, y que no aceptaba de antemano ningún sistema que diera por sentada la causa de un acontecimiento natural. Explicar algo consiste
simplemente en describirlo en términos objetivos, cuanto más simples mejor, de modo que no haya lugar a un análisis ulterior. En ese momento, el porqué deja de tener sentido.
La mecánica newtoniana se encuentra reunida en los Principia. En ellos, no sólo se enuncian de modo totalmente generalizado los principios del movimiento de los cuerpos, sino que se da una explicación funcional de todo el Universo. Se refutan todos los sistemas, antiguos y modernos, y se expone la teoría del modo empleado en la geometría griega. Se establece un tipo de cálculo que permite determinar con exactitud la posición de la Luna y de los planetas en cualquier momento, y basándose en un número reducido de observaciones. Halley lo aplicó de inmediato, y con éxito, al predecir el regreso del famoso corneta que lleva su nombre.
La gravitación universal constituye la escena final en la transformación de la imagen secular del mundo que se había iniciado con Copérnico. La visión de las esferas celestes movidas por el primer motor es sustituida por un mecanismo automático, de acuerdo con una ley natural simple que no hace necesaria la aplicación continua de ninguna fuerza. La intervención divina ya sólo haría falta para el acto de la Creación. Luego, el mundo andaría solo. En cierto modo, esto coincide con el llamado compromiso social en el plano político, que se desarrolló en la misma época. Dios se convierte en una especie de supermonarca constitucional, y el texto de la constitución es la mecánica newtoniana. No incluye nada que haga referencia a la vida humana, ni a las aspiraciones humanas. Estas cosas quedan como estaban, es decir, directamente en manos de la Providencia. De este modo, con Newton desaparece el conflicto entre ciencia y religión, tan característico del siglo XVI y comienzos del XVII. Dicho conflicto no reaparecerá hasta el siglo XIX con el evolucionismo.
El desarrollo producido, después de Newton, en los campos de la electricidad y el magnetismo se hará con el mismo modelo formal. De ahí que más adelante, en el siglo XVIII, se pueda pasar fácilmente de la mecánica newtoniana a la física newtoniana.
Newton utilizó un nuevo procedimiento matemático que hoy conocemos con el nombre de cálculo infinitesimal, y que él llamó método de las «fluxions» (de flux, flujo, indicando una función continua). Este método culmina la obra de muchas generaciones de grandes matemáticos desde los antiguos griegos. Su forma actual es la que, independientemente de Newton, le dio Gottfried Wilhelm Leibniz (1646¬1716). Se ha discutido cuál de los dos es el verdadero inventor del método. Ya te he dicho que Leibniz es una de las pocas figuras del siglo XVII de talla comparable a Newton. Para el tema que nos ocupa, lo interesante es saber que fue Newton quienutilizó por primera vez el cálculo infinitesimal, aplicándolo al estudio de cuestiones físicas fundamentales como las leyes del movimiento y el trabajo. Gracias a ello se puede pasar de las leyes de Kepler a la gravitación universal, y de ésta a cualquier movimiento particular. Aunque Newton no quisiera hacer hipótesis, no por eso dejaba de inquietarle la posible causa de la gravedad, tema que precisamente trata en la carta a Boyle que antes te he mencionado. De hecho, hoy sigue siendo un enigma y, entre todas las fuerzas conocidas, es la única que tiene un solo signo.
El cálculo infinitesimal pronto se aplicó a la resolución de problemas de mecánica e hidrodinámica. Pasaría rápidamente a convertirse en el instrumento fundamental de la ingeniería mecánica, y es un símbolo característico de la nueva ciencia.
Newton intentó evitar la formación de imágenes de contornos irisados que habitualmente se producen a través de las lentes, y que hoy llamamos aberración cromática. Lo consiguió con el telescopio de reflexión, que todavía hoy se llama telescopio de Newton, y que constituye el prototipo de los grandes telescopios actuales. Continuando los estudios de Descartes sobre el paso de un haz de luz a través de un prisma óptico, demostró que la luz blanca está compuesta por los siete colores simples, consiguiendo su recomposición mediante el llamado disco de Newton, instrumento con el que también se pueden poner de manifiesto los colores complementarios. Newton dio la primera explicación correcta del arco iris, y elaboró la teoría matemática de la reflexión, refracción y dispersión de la luz. Al atribuir la aberración cromática a la dispersión, concluye que es imposible corregirla. Sin embargo, Klingentsjerna (1698-1765) pondría en marcha nuevos estudios, que finalmente permitirían a Dollond contraponer cristales diferentes para anular la aberración cromática. De este modo, en 1758 se pudo empezar a usar la óptica acromática, fundamental para el desarrollo del microscopio y otros instrumentos refractores.
En la obra de Newton, la reflexión, la refracción y la dispersión de la luz se explican partiendo de una teoría corpuscular de la luz paralela a la de la materia. Se rechaza la teoría ondulatoria y se dan algunas explicaciones de los fenómenos de propagación de la luz parecidas al movimiento de las olas. Sobre todo, se trata de casos en los que la luz no se propaga de forma rectilínea, como en el paso por orificios muy pequeños o en los fenómenos de difracción. Fue Grimaldi (1618¬1663) quien sugirió por vez primera que la luz se propagaba como un movimiento ondulatorio, y que cada color se caracterizaría por una longitud de onda definida. La teoría ondulatoria fue formulada en términos matemáticos por Huygens, permitiendo una explicación correcta de la reflexión, la refracción y la dispersión.
Además, permite entender los fenómenos, antes mencionados, que la teoría corpuscular es incapaz de justificar. La formación de colores por la reflexión de la luz blanca en capas muy finas con diferente índice de refracción, como el aceite sobre el agua –los llamados «anillos de Newton»– pueden ser descritos satisfactoriamente por ambas teorías, la corpuscular y la ondulatoria. La doble refracción de la luz en el espato de Islandia (una variedad de calcita que cristaliza en el sistema hexagonal) se explica mucho mejor con la teoría ondulatoria. De hecho, en el siglo XIX la teoría ondulatoria de la luz se impondría. Eso sí, a finales del siglo entraría en crisis con el descubrimiento del efecto fotoeléctrico, y más tarde del efecto Compton, que sólo se pueden describir correctamente con la teoría corpuscular de los fotones formulada por Planck en 1900. La teoría de Planck surgió para explicar la emisión de luz por un cuerpo totalmente negro, fenómeno completamente refractario a explicaciones basadas en el modelo ondulatorio. Por tanto, la doble naturaleza –ondulatoria y corpuscular– de la luz sería un dilema del pensamiento científico iniciado en el siglo XVII con Newton y Huygens, que no lograría una síntesis coherente hasta la física de nuestros días.
Newton escribe para matemáticos, y en general para personas que hayan seguido de cerca el rápido desarrollo del conocimiento. De ahí que sus escritos resultaran ininteligibles para la mayoría de sus contemporáneos. El propio cálculo infinitesimal fue bastante poco conocido hasta mediados del siglo XIX. Sin embargo, en su época, Newton ejerció una gran e inmediata influencia, gracias a la aparición en la historia de la Ciencia de un nuevo tipo de personaje: el intérprete o divulgador. Uno de sus primeros representantes ilustres fue Voltaire (1694-1778), que por otra parte es uno de los filósofos más importantes de la Ilustración, y un gran escritor de la lengua francesa. Residió en Inglaterra desde 1726 a 1729, y parece que fue entonces cuando conoció la obra de Newton. A Voltaire se debe la célebre ocurrencia de la caída de una manzana sobre la cabeza de Newton mientras éste dormía la siesta en el huerto de su casa. Voltaire tradujo a Newton al francés, con la ayuda de su amante Émilie de Breteuil, marquesa de Chátelet (1706-1749), que fue una matemática muy competente (mucho más que Voltaire). Gracias a ello, las ideas de Newton llegarían a influir poderosamente en la Ilustración, y por tanto en la preparación ideológica de la revolución francesa. En Inglaterra, a través de los filósofos Locke y Hume, la física newtoniana se convertiría en la base del liberalismo.
En una carta anterior ya te indiqué que una de las obras de Claude Perrault fue el Observatorio de París, el primero de los tiempos modernos. Fue puesto en marcha por mandato de Luis XIV, y con la finalidad de acoger a hombres de ciencia de todos los países y facilitarles el trabajo. La empresa fue un éxito, y lahistoria del Observatorio de París es memorable. Entre sus personajes encontramos a Jean Picard (1620-1682), que fue un observador preciso y meticuloso. Sus mediciones del globo terrestre fueron utilizadas por Newton, ya que eran las más precisas hechas jamás. Fue también Picard quien dio valor astronómico al reloj de péndulo construido por Huygens, y el primero en elaborar las llamadas vistas telescópicas sistemáticas del cielo. Ya hemos hablado anteriormente del holandés Christiaan Huygens (1629-1695), que permaneció en el Observatorio de Paris entre 1771 y 1773. Antes ya había realizado una gran labor científica, en la que hemos de destacar el descubrimiento del anillo de Saturno, la invención del micrómetro para los telescopios y la medición exacta del tiempo con el reloj de péndulo. Su libro «Horologium» (1658) se puede considerar la base de toda la relojería moderna. También construyó grandes telescopios refractores, que uno puede contemplar en grabados de la época. En su periodo parisino publicó el famoso «Horologiorum oscillatoriorum», en el que da a conocer la ley del péndulo, así como el concepto de cantidad de movimiento sobre el que ya habían trabajado Wallis y Wren. De ahí surge la primera de las leyes de conservación, la de la cantidad de movimiento en un sistema cerrado, de la que se desprende el concepto de que la cantidad total de movimiento en el Universo es constante. Desarrolla los conceptos de movimiento angular y lineal con momentos no intercambiables. Con la determinación de la longitud de un péndulo con un segundo de oscilación completa, halla por primera vez el valor de la aceleración de la gravedad, g = 4n21. Este valor equivale a 32,16 pies por segundo cada segundo. De vuelta en Holanda, Huygens también inventó un nuevo tipo de ocular que todavía hoy se utiliza para microscopios y telescopios, y que lleva su nombre.
Otro huésped del Observatorio de París fue Olaus Christensen Roemer (1644¬1701), el primero en demostrar que la velocidad de la luz tenía un límite (1675). Esta conclusión se basó en observaciones en las cuales se comprobó que los intervalos entre los eclipses de las lunas de Júpiter eran más breves cuando el planeta se acercaba a la Tierra que cuando se alejaba. En un principio, la idea no fue aceptada por todo el mundo, y otro científico del mismo observatorio la rechazó. Se trataba de G. D. Cassini (1625-1712), que había comenzado siendo ingeniero del Papa, y que se hizo famoso por sus escritos sobre cometas y sobre los periodos de rotación de Júpiter, Marte y Venus. En 1669, ya convertido en la figura más importante del Observatorio de Paris, demostró que la Tierra estaba achatada por los polos, y llevó a cabo una excelente determinación del paralaje de Marte. También hizo determinaciones de las distancias Marte-Sol y Tierra-Sol. A lo largo de un siglo y medio, sus descendientes le sucedieron como directores del Observatorio de París. Los Cassini eran de tendencia conservadora, y se ha dicho que por este motivo
influyeron desfavorablemente en el desarrollo de la astronomía francesa. Aunque pueda tener algo de cierto, esta valoración es difícil de aceptar sin más, teniendo en cuenta el gran número de astrónomos franceses de primera fila que encontramos a lo largo de los siglos XVIII y XIX.
El interés de Inglaterra por la navegación puede ser la causa de que fuera en ese país donde se hiciera la primera determinación precisa de la longitud geográfica en alta mar. John Flamsteed (1646-1719) había demostrado que ello sólo sería posible más que con un conocimiento muy preciso de la posición de las estrellas fijas. Fue Flamsteed quien construyó el segundo observatorio moderno, en Greenwich, donde trabajó intensamente determinando la posición de veinte mil estrellas fijas. Construyó el primer arco mural, precursor del aparato astronómico que hoy llamamos círculo meridiano. Edmond Halley, a quien ya hemos citado anteriormente, le sucedió en la dirección del Observatorio de Greenwich en 1720. Halley halló discrepancias entre las órbitas calculadas de Júpiter y Saturno y las realmente observadas. En busca de una explicación, en 1676 viajó a Santa Elena, con objeto de determinar la posición de trescientas cuarenta y una estrellas del hemisferio austral. Aprovechó el viaje para realizar una serie de observaciones meteorológicas que le permitieron hacer el primer mapa de los vientos periódicos. Otras aportaciones importantes de Halley están relacionadas con la órbita de Mercurio y las de los cometas, en especial la del que lleva su nombre.
Creo que podemos ir cerrando esta sinopsis del primer siglo de la revolución científica. Se ha dado un paso extraordinario, y sin ningún género de duda nos hallamos ante una singularidad dentro de la cultura humana. Toda la historia que he intentado describirte tiene la intención de poner de manifiesto los fenómenos intelectuales que la precedieron, y que de algún modo son sus determinantes. La mayor parte de las cosas que te he contado tienen interés simplemente en la medida en que nos hacen comprensible dicho procerso, porque no cabe duda de que la revolución científica tuvo una infancia muy larga, y en ningún caso puede considerarse un fenómeno in vacuo.
No quiero terminar esta carta sin decirte que he hojeado de nuevo y con detenimiento la memoria de tu tesis doctoral. Me parece que tu Étude indirecte de la rétroaction des hormones thyroidiennes sur la fonction thyréotrope hypophysaire de la caille. Importance de la désiodation de la thyroxine está muy bien. Yo también diría que parmi les characteristiques fondamentales des oiseaux, deux d’elles, l’homéothermie et le vol, assurent una grande capacité d’adaptation ainsi qu’une précieuse liberté d’action. No podemos llegar a entenderlas satisfactoriamente sin entender los mecanismos de regulación metabólica que lashacen posibles. Entre dichos mecanismos, las hormonas tiroideas tienen un papel de primer orden. Las preguntas que has formulado y las respuestas experimentales que has recibido permiten conocer mecanismos extreordinariamente sutiles y significativos. Además, en tu Tesis, el proceso de aprendizaje y de introducción a la problemática de la investigación científica resulta muy satisfactorio. También lo es el estilo. N’importe qui a le droit de poser á la nature une question. En tout cas, maintenant, je peux dire que c’est simplement merveilleux. Supongo que Jean Rostand no se enfadaría por mi paráfrasis.
Afectuosamente,