PHILOSOPHIE ZOOLOGIQUE

PHILOSOPHIE ZOOLOGIQUE
Begues, 10 de noviembre de 1984
Querida Nuria:
En las postrimerías del siglo XVIII, Francia tiene tres figuras muy destacadas en la historia de la biología: Geoffroy de Saint-Hilaire, Lamarck y Cuvier. Ya te he hablado de ellos, pero debo insistir. ¡Vale la pena, te lo aseguro! Hoy lo haré sobre Lamarck.
Jean Baptiste de Monet nació en la región de Picardía, al norte de Francia, en 1744. En su juventud heredó el título de Caballero de Lamarck, nombre que utilizaría para firmar todos sus escritos, y con el que pasaría a la posteridad. En su infancia fue a los jesuítas, y se orientó hacia los estudios eclesiásticos. Ingresó en el ejército a los diecisiete años, al morir su padre. En la Guerra de los Siete Años alcanzó el grado de oficial, pero por razones de salud dejó el ejército, y en 1770 se estableció en París con la intención de estudiar medicina. Durante un tiempo llevó una vida errante, durante la cual aumentó su afición a la botánica, que ya había sido su entretenimiento predilecto mientras estaba en la milicia. En 1778 publicó una obra sobre la flora francesa que
llamó la atención de Buffon. De ahí que Buffon propusiera a Lamarck primero como miembro de la Académie des Sciences y más adelante para una plaza en el Jardin du Roi. En los años que siguieron, Lamarck hizo algunos viajes de estudio por Europa como acompañante del hijo de Buffon. De todos modos, Lamarck no tuvo un puesto de trabajo fijo hasta la Revolución. La Convención Nacional, que pretendía reorganizarlo todo, creó una serie de nuevas cátedras, entre las que había dos de zoología. No encontrando candidatos más apropiados, ofreció una a Lamarck, que era botánico, y otra a Saint-Hilaire, que era mineralogista. El primero se quedó con los invertebrados, y el segundo con los vertebrados. Así son las cosas.
Debido a estas circunstancias, Lamarck empezó a dedicarse a la zoología cuando ya había cumplido cincuenta años. Sin embargo, ello no impidió que llegara a alcanzar fama universal en ese campo. Sin embargo, nunca dejó de estar en una posición muy modesta, tanto económica como por lo que se refiere a su prestigio personal, y eso que trabajó intensamente durante el resto de su vida. Murió en 1829, y dos años antes se había quedado prácticamente ciego. Se casó cuatro veces y tuvo siete hijos. Dos de sus hijas le ayudaron a continuar su labor hasta el final.
Lamarck fue valorado por sus contemporáneos exclusivamente como zoólogo sistemático. Pese a sus otros méritos, hay que tener en cuenta que su obra sobre invertebrados no tiene parangón desde los tiempos del viejo Aristóteles. Publicó muchos libros de carácter especulativo, sin ningún tipo de éxito. En parte, ello puede atribuirse a su imaginación desbocada y a su mal estilo, oscuro y árido. Por otra parte, siempre mostró una gran ignorancia y pobreza de visión en todo lo que se refiere a química y física. Las ideas de Lamarck sobre la evolución de los seres vivos tendrían gran influencia en el futuro, pero eso sería después de su muerte y, como ya te he indicado, gracias a Lyell, y más tarde a Haeckel. Un cierto modo de pensar lamarckiano, casi en toda su pureza, ha sobrevivido hasta la primera mitad de nuestro siglo, principalmente en paleontología pero también en otros campos del pensamiento biológico.
Lamarck dio a conocer por primera vez su concepción acerca de la transformación de las especies en 1800, en una conferencia de inauguración de curso. Dichas ideas fueron tratadas con mayor amplitud en la Philosophie zoologique, publicada en 1809 y que acabaría siendo su obra más célebre. Pese a ello, pienso que la obra más importante de Lamarck probablemente sean los siete volúmenes de su Histoire naturelle des animaux sans vertébres, que publicó entre 1815 y 1822.
Lamarck llevó a cabo una profunda reforma del reino animal. Distinguió los Infusorios de los Pólipos y los Cirrípedos de los Moluscos, estableciendo diezclases de invertebrados: Infusorios, Pólipos, Radiados, Vermes, Insectos, Arácnidos, Crustáceos, Anélidos, Cirrípedos y Moluscos. Dentro de estas clases, subdividió los Radiados en Celentéreos y Equinodermos, y agrupó los Cirrípedos con los Cangrejos y los Pólipos con los Celentéreos. Todo ello constituye la base de la clasificación actual de los invertebrados. Comparado con Linneo, constituye un avance realmente extraordinario, por mucho que Lamarck no dejara de considerar a Linneo como uno de los sabios más grandes de todos los tiempos. Lamarck también recomendaba la adopción de una nomenclatura internacional, que no se haría realidad hasta tiempos mucho más recientes.
Curiosamente, en su etapa como botánico, Lamarck era tan fijista como el propio Linneo. Por contra, el estudio de los animales, tanto invertebrados como vertebrados, le llevó a la idea de una evolución lineal y siempre renovada. Su pensamiento quizá se pueda resumir en los siguientes puntos: (a) La Naturaleza ha producido todos los seres vivos a lo largo de grandes periodos de tiempo; (b) la Naturaleza empezó –y sigue empezando «cada día»– por la generación espontánea de los organismos más sencillos; (c) una vez originados los primeros vegetales y animales en lugares y circunstancias favorables, a lo largo del tiempo se van transformando poco a poco en el resto de los organismos, gracias a una fuerza inherente a la propia vida, y como consecuencia de nuevas condiciones ambientales; (d) las especies actuales tienen ese origen, habiendo aparecido gradual y sucesivamente, de modo que su constancia es sólo relativa.
Lamarck consideraba a la Naturaleza como un poder u orden de cosas sometido a la voluntad de Dios. Conocía la Scala naturae aristotélica y, al establecer el orden que va desde los organismos más sencillos al hombre, en cierto modo la seguía, aunque asignándole contundentemente un significado histórico. En el evolucionismo lamarckiano tenemos la generación espontánea como punto de partida, pero recomenzando en todos y cada uno de los momentos de la historia de la vida en la Tierra. Lamarck considera que hay dos líneas evolutivas fundamentales e independientes: la vegetal y la animal.

Después, la correspondiente a los gusanos seguiría así:

Es el primer esquema filogenético de la historia, y contiene ideas fundamentales, como que las aves y los mamíferos son dos ramas procedentes de los reptiles. Lamarck se dio cuenta de que el paso de los moluscos a los peces era arriesgado, y supuso que se aclararía mediante el estudio de organismos todavía desconocidos. Por supuesto, el esquema tiene éste y otros defectos, pero constituye una perspectiva realmente genial. En su «Histoire naturelle des animaux sans vertébres», Lamarck comenta detenidamente este árbol genealógico, mencionando diversas dificultades y admitiendo que a nivel de géneros y especies el árbol es mucho más ramificado.
Para los vegetales, Lamarck supuso la existencia de un proceso parecido, aunque mucho más difícil de establecer, incluso en líneas generales, debido a la falta de conocimientos.
En el lamarckismo no debes ver tanto la idea de la transformación gradual de las especies y el establecimiento de determinadas líneas filéticas como las causas de una y otra cosa. En primer lugar tenemos la idea de la generación espontánea como inicio de la evolución que, como ya he señalado, sería un proceso permanente. Luego tenemos una tendencia de la naturaleza a pasar de las formas más sencillas a organismos cada vez más complejos. Finalmente, el medio aceleraría este proceso, y lo diversificaría. La influencia del medio, que ya había sido sugerida por Buffon, cobra ahora mayor entidad por medio de los llamados principios del lamarckismo. Por un lado tenemos la herencia de los caracteres adquiridos: el medio ambienteda lugar a modificaciones que pasan a la descendencia. En las plantas, esas modificaciones se originarían directamente, pero en los animales los cambios del medio pondrían en marcha otro mecanismo de variación: el uso y el desuso. Éste es el segundo principio lamarckiano, que se puede sintetizar en aquello de que la función crea el órgano. Así se explicaría la atrofia de los ojos de los topos y de muchos animales cavernícolas, la pérdida de las extremidades en las serpientes, la aparición de insectos ápteros, la longitud del cuello de la jirafa, las peculiares extremidades inferiores de las zancudas y la forma de los pies de las palmípedas. Lo que no se utiliza se atrofia, y lo que se usa intensamente se desarrolla y diversifica. De esta propiedad surgirían las diferentes adaptaciones, como cambios hereditarios que mejoran la supervivencia de los individuos de la población, y que son resultado de un efecto directo del medio.
Por lo que respecta al hombre, Lamarck admite que puede proceder de los cuadrumanos superiores, por desarrollo de la posición bípeda y de otras facultades. No obstante, trata este tema con mucha prudencia, lo que invita a pensar que tenía un cierto temor a la censura. Por otra parte hay que señalar que conocía bien las diferencias entre el hombre y los simios superiores, como habían puesto de manifiesto los estudios de Camper. En general, Lamarck no parece predispuesto a admitir la inteligencia de los simios, ni siquiera la de los hombres primitivos y de los salvajes actuales. Ello le enfrenta a las ideas defendidas por otros autores de la época, como el célebre La Mettrie. Tal vez como consecuencia de los grandes trastornos sociales que le había tocado vivir, Lamarck es bastante pesimista. Opina que la inteligencia verdaderamente desarrollada es un atributo de muy pocas personas, gracias a las cuales han sido posibles los progresos de la civilización.
Al estudiar la obra de Lamarck, uno se da cuenta de que está muy influido por Buffon, como ocurre con casi todos los biólogos de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX. El propio concepto lamarckiano de especie biológica procede de Buffon, igual que la negativa a admitir unos límites precisos entre especies, y la opinión de que las categorías taxonómicas son puras creaciones de la mente. Si comparamos los dos personajes, encontramos que Buffon es mucho más culto, y más capacitado para distinguir entre hecho e hipótesis. Por contra, Lamarck le superó ampliamente como sistemático.
Nuestro autor también aprendió mucho de Charles Bonnet, y lo reconoce expresamente en sus escritos. Es probable que fuera Bonnet quien le inspirara la clasificación lineal de los animales. Lamarck también recuerda a Vicq d’Azyr (1748-1792) cuando habla de degeneración o evolución regresiva de ciertos animales por pérdida o atrofia de órganos. De Vicq d’Azyr no hemos hablado,
pero fue un médico destacado, tanto en la clínica como por sus contribuciones a la anatomía comparada y a la fisiología. Poco antes de la Revolución fue nombrado médico del rey. Como puedes suponer, ello le habría de traer muchos problemas sin haber tenido tiempo de gozar de ninguna ventaja. Pese a encontrarse mal de salud, fue obligado a asistir a la famosa fiesta de la «Diosa Razón», donde le dio un patatús que a los pocos días lo llevó al otro barrio. Finalmente, por extraño que resulte, quiero señalar que Lamarck se dejó influir mucho por Cuvier, pese a que éste era mucho más joven y además sostenía una posición intelectual casi opuesta. Cuvier influyó en las ideas sistemáticas de Lamarck, e incluso sobre la propia historia de la evolución, que cada uno interpretaba de manera bien diferente. Cuvier siempre menospreció a Lamarck. A la muerte de éste, a Cuvier le correspondió pronunciar el discurso funerario, que aprovechó para desacreditarlo aún más.
En vida, la reputación de Lamarck siempre fue escasa. Napoleón, que estaba al corriente de casi todas las obras de los sabios franceses, a los que acostumbraba a invitar con objeto de comentarlas personalmente, nunca manifestó el menor interés por Lamarck. La verdad es que esta desconsideración tenía su fundamento. Ya he hecho algún comentario al respecto hablando de sus libros. Puedo, además, añadir que se da la sarcástica circunstancia de que el hombre que quizá tenía las ideas más avanzadas acerca de la evolución era en términos generales uno de los profesores más caducos. Ni siquiera al presentar su propia teoría de la evolución dio una justificación sistemática muy sólida, y olvidó todo lo referente a la distribución geográfica y al testimonio fósil conocido. Estas cosas no eran adecuadas para las mentalidades cultivadas de la época. El propio materialismo de Lamarck correspondía a una corriente superada, y bien diferente de la manera de pensar de la mayoría de sus contemporáneos. Como ya he señalado antes, la resurrección de Lamarck se debió a Lyell, pese a las críticas más bien severas que éste le hizo. Pero sobre todo sería rehabilitado por Haeckel y por la corriente alemana materialista de finales de siglo. El lamarckismo también se iría enraizando progresivamente en el pensamiento biológico francés, lejos de lo que se podía esperar teniendo en cuenta el poco éxito que Lamarck había logrado en vida. Luego el larmarckismo se convertiría en un signo regresivo y decadente, patrimonio de los que quedarían al margen del brillante desarrollo de la genética de la primera parte del siglo XX.
Afectuosamente,