RACIONALISMO RADICAL Y PLURALISMO

RACIONALISMO RADICAL Y PLURALISMO
Begues, 25 de julio de 1983
Querida Nuria,
Ya te habrás dado cuenta de que los antiguos pensadores griegos desarrollaron dos tipos de conceptos: unos, como los de tierra y agua, podían tener el carácter de elementos primarios, pero a la vez correspondían a cosas palpables y visibles; otros, en cambio, eran totalmente abstractos, como los de sólido y líquido. Conceptos aún más abstractos son el «apeiron», la condensación, la rarefacción y la tensión. La reflexión sobre estos dos tipos de ideas sin duda favoreció la toma de conciencia acerca de una separación entre la mente y los sentidos. Parece que Heráclito ya la había señalado, advirtiendo del riesgo de ser engañados por estos últimos.
Puntualizada la distinción entre la mente y los sentidos, surge el problema de cuál es el mejor camino para aproximarse a la realidad: la razón o los sentidos. En este
aspecto, resulta sorprendente que fueran justamente los pitagóricos quienes valorasen más la experiencia sensible, pese a su pensamiento tan imbuido de ideas religiosas y místicas. Fíjate en cómo Alcmeón de Crotona describe la lengua como órgano del gusto: «es con la lengua como distinguimos los sabores, pues por hallarse caliente y ser blanda disuelve las partículas sabrosas con su calor, mientras que la porosidad y delicadeza de su estructura las va admitiendo en su seno y las transmite al sensorio.»
Los pitagóricos fueron pronto objeto de críticas por parte de otros filósofos que creían que la realidad de las cosas debía buscarse por medio de la razón pura. El paladín de esta actitud fue Parménides (475 a.C.), que desencadena un ataque radical a los sentidos y acaba estableciendo dos modelos, uno monista, que es el de la razón por sí misma, y otro dualista, constituido por el fuego, luminoso y de baja densidad, y la noche, oscura y de alta densidad.
Parménides expuso el modelo monista en un libro titulado «El camino de la verdad». En él propone una concepción de la naturaleza basada exclusivamente en la razón y en la que es fundamental el dualismo entre el ser y el no ser, considerando que todo tipo de cambio es absurdo. Sostuvo que la realidad es una especie de bola maciza, increada, eterna, inmóvil, inmutable y uniforme. ¿Gracioso, no te parece?
La chocante filosofía que acabo de relatarte refleja el descubrimiento de algo importante: el «logos» es tan independiente del mundo que incluso puede negarlo. En cualquier caso queda establecida la supremacía del argumento lógico.
Como Parménides pronto se dio cuenta de que su pensamiento era entendido por pocos, decidió escribir otro libro para aumentar la clientela. Igual que el primero, se trata de un poema, que en este caso lleva por título «Camino o vía de la opinión». En él admite la percepción sensible y establece una cosmología basada en el fuego y la noche. Critica a la escuela jónica, a los pitagóricos y muy particularmente a Alcmeón, a quien parece que tenía verdadera ojeriza. Con respecto a sus ideas biológicas, lo único que conseguimos adivinar en sus fragmentos es que la vida está asociada al calor y tiene por causa la «psyche». También el «zoe» es resultado de la lucha de dos contrarios y se caracteriza por la reproducción, la nutrición y el movimiento.
La verdad es que todos los pensadores pluralistas inmediatamente posteriores, al frente de los cuales hemos de situar a Empédocles y a Anaxágoras, adoptaron una posición opuesta. A partir de ese momento, y desde nuestra perspectiva de la evolución histórica del conocimiento científico, la distinción entre racionalismo y empirismo se volverá dramática. Igualmente podemos considerar que a partir de Parménides, y no antes, la filosofía se puede considerar como algo totalmente separado de la vida práctica.
Algunos aspectos del pensamiento de Parménides influyeron en una serie de nuevas ideas a las que el futuro reservaba un papel estelar. La diversidad del mundo visible y los cambios en el curso temporal se han de poder resolver conservando los principios de singularidad, uniformidad e inmutabilidad de la lógica de Parménides. La síntesis la alcanzaron Leucipo y Demócrito al inventar los átomos y sustituir el no ser por el vacío. Ya volveremos a hablar (y más de una vez) de esta nueva escuela materialista.
Creo que es oportuno contrastar el modelo racionalista radical con los primeros empiristas. Estos se caracterizan ante todo por admitir cuatro elementos primarios y por tanto, los podemos calificar de pluralistas. Ya te he dicho que uno de ellos es Empédocles, natural de Agrigento, una colonia griega del sur de Italia. Empédocles es una figura atractiva, genial y excéntrica. Encontraremos muchas otras comparables a lo largo de la Historia de la Ciencia y las sigue habiendo en nuestros días. ¿Te acuerdas del personaje que tan bien encarnaba Sesto Bruscantini en «El elixir de amor»? Pues así imagino a Empédocles, yendo de pueblo en pueblo engatusando a los lugareños. Este charlatán es una de las figuras más importantes de la ciencia griega anterior a Aristóteles.
Parece ser que tipos humanos como Empédocles han desempeñado un papel importante, sobre todo en las épocas que los alemanes denominan de «Stunn und Drang» (literalmente, de tormenta y desasosiego). Entre ellos están, en el siglo XVI, Nostradamus y Paracelso y, en el siglo XVIII, Cagliostro y Mesmer. Podríamos hacer una larga lista, en la que no faltarían personajes actuales.
La formulación clara de los cuatro elementos, tal como se mantuvo hasta el siglo XIX, se debe a Empédocles. Las cualidades primarias (calor, frío, humedad y sequedad) estarían relacionadas con los elementos según la figura siguiente:

Naturalmente, los elementos no se corresponden con las sustancias que vulgarmente tienen la misma denominación. Por ejemplo, en las aguas naturales y
en otros líquidos predomina el elemento agua, pero también hay una proporción definida de los demás elementos.
Empédocles es el primero que independiza el elemento aire de la niebla, y le da un verdadero contenido físico. Son célebres sus demostraciones con la clepsidra, donde el aire invisible muestra que ocupa un lugar en el espacio y que ejerce una presión. De esta forma, Empédocles sigue el método experimental de los pitagóricos.
En sustitución de la tensión de Heráclito, y posiblemente influido por Parménides, pone el amor y el odio como las dos fuerzas que originan el movimiento de las cosas. Cada sustancia particular es el resultado de un equilibrio establecido por el amor y el odio entre los elementos y las cualidades que la definen.
Son sumamente interesantes las ideas de Empédocles sobre la materia viva. Supone que se ha originado por un proceso de diferenciación o «ekkrisis» de una especie de amalgama inicial. Pero este proceso no daría organismos enteros sino porciones, es decir, pies, piernas, brazos, cabezas, etc. por separado. Por eso habría un proceso ulterior de integración. La unión de las partes bajo la influencia del amor daría organismos normales, y bajo la influencia del odio, quimeras y monstruos. Fíjate en como supone que sólo se producen organismos normales a partir de especies definidas y que las mezclas son quimeras. Viene a ser una teoría del origen de las especies parecida a un juego de niños que no sé si tú has llegado a conocer, pero que yo ciertamente recuerdo. En ese juego se podían hacer figuras graciosas uniendo el cuerpo de una bailarina con la cabeza de un guardia civil, y otras combinaciones que puedes imaginar fácilmente.
En la teoría de Empédocles se insinúan dos ideas muy importantes dentro de la biología. Por un lado, que la Tierra tuvo en una época anterior un poder generador que ahora no tiene. Como modelo intelectual, es idéntica a la hipótesis de Haldane y Oparin sobre el origen heterotrófico de la materia viva. Por otra parte, en Empédocles encontramos la primera formulación de la selección natural: afirma que inicialmente había muchas más especies que las actuales y que algunas se han extinguido como consecuencia de la lucha por la existencia y la competencia con otras especies. La idea darwiniana de selección natural está muy próxima. Ahora bien, Darwin llegará a ella por una deducción totalmente correcta y supondrá que la selección es la causa principal de la transformación de las especies. Nada de esto pasó por la cabeza de Empédocles ni de ningún otro griego de la antigüedad.
Empédocles recibe de los pitagóricos la convicción sobre la inmortalidad del alma y la transmigración. Sugiere que la percepción sensible se basa en una propiedad de emanación desde el objeto al órgano de los sentidos. Esta idea seguirá flotando en el ambiente hasta nuestros días. La teoría de la nutrición, basada en elhecho de que todo está constituido por los cuatro elementos, no ofrece ninguna dificultad formal. Los elementos que se encuentran en el pan se redistribuyen transformándose en carne o sangre. Para Empédocles, el corazón es el centro de la actividad vital y la residencia de la «psyche», idea que más adelante adoptará Aristóteles. Empédocles influyó mucho sobre otros pensadores de diferentes tendencias: por ejemplo, sobre Diógenes de Apolonia, de quien te he hablado en
una carta anterior.
Empédocles es el primero en admitir la influencia tanto del padre como de la madre en la concepción, algo que no quedó establecido como hoy lo conocemos hasta el siglo XIX. El principio de la reproducción es una interacción entre el fuego y la humedad. Es curioso que atribuya el sexo del recién nacido a aquella semilla o germen en el que predomina el calor, mientras que los otros caracteres serían los del sexo opuesto. Cuando los gérmenes paterno y materno tienen el mismo calor, el parecido es con el progenitor del mismo sexo que el hijo.
Podría hacerse un estudio muy entretenido poniendo de manifiesto las locuciones de las lenguas modernas occidentales que derivan directa o indirectamente de las ideas empedoclianas. Tal es el caso de la «furia de los elementos», «naturaleza fogosa», «espíritu aéreo» y muchas otras del mismo tipo.
En Empédocles hay un esfuerzo deliberado para explicar la fisiología por medio de la física. Dicho esfuerzo ha ejercido un impacto profundo y duradero en el pensamiento humano, aunque no haya recibido el reconocimiento merecido hasta hace pocos años. En aquel tiempo este esfuerzo representó el antagonismo frente al hombre práctico y sereno, cargado de experiencia pero poco amigo de teorías. Esta actitud antagónica está encarnada por el médico hipocrático del que hablaremos pronto. Basta con que eches un vistazo a la magnífica versión de «La antigua medicina» de Alsina en la colección Bernat Metge para que te des cuenta de hasta qué punto el médico hipocrático se escandaliza ante los que quieren ejercer el Arte partiendo de especulaciones cosmológicas.
Para nuestra mentalidad, Empédocles es una especie de loco, visionario genial, histrión y explotador de la buena fe, pero nadie puede negar que en él hay una de las más exitosas asimilaciones de todo el pensamiento anterior.
No sé qué título podríamos dar a esta carta. Quizá sería apropiado el de «Racionalismo radical y pluralismo».
Afectuosamente,
acusado de impiedad y de ateísmo. Ni siquiera la amistad de Pericles pudo salvarlo de la maledicencia pública y tuvo que huir de Atenas.