UN HOMBRE QUE LO SABÍA TODO

UN HOMBRE QUE LO SABÍA TODO
Querida Nuria:
Hoy empezaremos a hablar de Aristóteles, un hombre que lo sabía todo. Como mínimo podemos afirmar que fue el más grande naturalista de la Antigüedad y, por tanto, que ha tenido un papel indiscutible en la Historia de la Ciencia. Hablar a la ligera de Aristóteles siempre está mal visto por los eruditos, pero yo no puedo hacerlo de otro modo, simplemente porque no sé gran cosa sobre el tema. Piensa que en Occidente, durante siglos, la flor y nata de la intelectualidad no ha hecho otra cosa que discutir acerca de Aristóteles. Una vez admitidas mis limitaciones, espero que lo que te diga sea útil e incluso suficiente para la visión histórica de la ciencia que me he propuesto trazar.
Aristóteles nació en Estagira, ciudad griega de Tracia, en el año 384 a.C. y murió en la isla de Eubea, patria de su madre, en el año 322 a.C.. Aunque su lengua materna y su formación eran griegas, siempre se le consideró macedonio y ello pesó mucho en su vida. Su padre, Nicómaco, era médico y pertenecía a una familia de asclepíades; además era médico de la familia real macedonia, concretamente de Amintas II, abuelo de Alejandro Magno. Por tanto hemos de tener en cuenta que el hombre que nos ocupa pasó su infancia en una corte real, semibárbara. Se ha dicho que durante su adolescencia probablemente fue iniciado en el Arte, siguiendo la costumbre de los asclepíades. Sabemos que quedó huérfano muy joven y que de su educación se ocupó un tal Proxenes, a quien siempre guardó un gran afecto. Parece que cuando tenía alrededor de veinte años se trasladó a Atenas para ingresar en la Academia, en la que permaneció dos décadas, hasta la muerte de su maestro Platón. Se trata del llamado «primer periodo» de Aristóteles, del que únicamente se sabe que era un discípulo importante y que tenía algunas discrepancias con su maestro.
Al morir Platón, Aristóteles abandona Atenas y establece su residencia en la isla de Lesbos, que como sabes fue patria de la poetisa Safo y centro de la cultura eólica. Aristóteles no fue a Lesbos solo, sino acompañado de otros discípulos de Platón, así como de amigos y discípulos propios; entre ellos se encontraban Xenócrates, que sería el continuador de la Academia, y Teofrasto, continuador de la escuela del Liceo, fundada por Aristóteles tras su regreso a Atenas.
El segundo periodo de la vida de Aristóteles es el de Lesbos y se considera muy importante desde el punto de vista de su obra naturalista. En ese periodo disfrutó del mecenazgo de Temisón y de Hermías, hombres poderosos y amantes de la filosofía. Hacia el final de este periodo lo encontramos enseñando retórica en Mitilene, compitiendo con un tal Isócrates, a quien vale la pena mencionar ya que parece haber influido mucho sobre Aristóteles.
En el año 342 a.C., Aristóteles fue reclamado por Filipo de Macedonia para confiarle la educación de su hijo Alejandro. Permaneció allí hasta el año 336, cuando Alejandro ya era rey de Macedonia y virtual señor de toda Grecia y estaba a punto de emprender la conquista de Asia. Las relaciones entre Aristóteles y Alejandro han sido ampliamente comentadas y mitificadas desde la antigüedad. Globalmente podemos concluir que fueron buenas, pero se trataba de dos hombres geniales y de temperamento muy fuerte, conscientes de haber venido al mundo a hacer cosas muy diferentes. Quizá sea el momento de fijarnos en que las relaciones de Aristóteles con la familia del hombre que habría de dominar todo el mundo
antiguo influyeron notablemente en el temperamento y el carácter de Aristóteles y sobre todo determinaron que siempre fuera un hombre rico e influyente.
En el año 336 a.C., Aristóteles vuelve a Atenas y, como ya te he dicho, funda el Liceo. Compró un jardín en las afueras de la ciudad, rodeado de un paseo cubierto o «peripaton» y situado cerca de una arboleda dedicada a Apolo Licio; de ahí deriva el nombre de Likeios o Liceo. Allí nuestro hombre dedicaba las mañanas a lo que hoy llamaríamos cursos avanzados, y las tardes a los más elementales, de iniciación. Se dice que tenía la costumbre de enseñar y discutir mientras paseaba por el paseo de la escuela; por ello sus discípulos recibieron el nombre de peripatéticos. Esta costumbre ha sido emulada por profesores de todas las épocas. Por ejemplo, en Barcelona aún recordamos que el célebre Esteve Terradas daba sus clases de Mecánica Racional, nada menos, paseando por un lugar que conoces muy bien: el claustro del viejo edificio de la Universidad. Hay que tener en cuenta que eso ocurría de 8 a 9 de la mañana y que en aquella época aún no había calefacción. ¿Quién te impide pensar que, en uno y otro caso, fue la necesidad de sacudirse el frío lo que determinó el modo de enseñar? Sea como fuere, desde Aristóteles al profesor Terradas también debe haber habido un gran número de fatuos simios imitadores.
En el Liceo, además de filosofía, se enseñaba cultura general. Es posible que la biblioteca del Liceo pasara más tarde al célebre Museo de Alejandría, una institución que, como veremos, deriva directamente del Liceo. El periodo del Liceo es el cuarto periodo de la vida de Aristóteles. Duró trece años y durante ese tiempo escribió la mayoría de sus obras, sobre todo las que habrían de tener mayor influencia en épocas posteriores. Son los tratados filosóficos, escritos siguiendo una ordenación didáctica y, desde el punto de vista literario, muy inferiores a los diálogos de Platón. Algunos libros tienen aspecto de curso, como si se tratara de una recopilación de apuntes de los alumnos o de guiones del profesor. Se han conservado versiones fidedignas de un gran número de obras de Aristóteles, pero no de todas. Entre los títulos más célebres se encuentran la «Política» y la «Etica a Nicómaco» (dedicada a su hijo, que llevaba el mismo nombre que su abuelo; fue escrita sin éxito con la intención de corregir a un muchacho que fue una especie de oveja negra, un «pijo de familia bien»). Tampoco debemos olvidar la «Gran Etica», la «Metafísica», el «Organon», la «Física» y el tratado «Del alma».
A la muerte de Alejandro, Aristóteles tuvo en Atenas dificultades parecidas a las que habían llevado a Sócrates a la muerte. En este caso, las acusaciones eran de ateísmo y sacrilegio por haber levantado monumentos a Hermías y su mujer’.
° Ello es dudoso. Parece que se limitó a elogiarlos.
Como nunca se había dedicado a la política, no encontraron fundamento alguno para poder acusarlo de lo que los atenienses realmente no le perdonaban, que era su macedonismo. Optó por quitarse de enmedio, trasladándose a la isla de Eubea, donde murió trece años más tarde. Se ha dicho (y si non é yero é ben trovato) que justificó su partida afirmando que, pese a la corrupción reinante en Atenas, amaba lo suficiente a la ciudad como para evitar que cometiera otro crimen contra la filosofía. Para completar la imagen de uno de los hombres más importantes de la cultura occidental, te diré que se le describe como un hombre más bien bajito, corpulento y no demasiado guapo, de ojos vivos y pequeños y una cabeza bastante grande. Un hombre de ingenio rápido y presto a la mordacidad. Parece que tenía un aire arrogante y que era muy presumido en el vestir y aficionado a las costumbres refinadas. En parte, estas cosas nos constan porque fueron criticadas por el propio Platón. También hay que resaltar su carácter afectuoso y cordial con los amigos y la familia.
De lo que no hay la más mínima duda es de que Aristóteles tenía un conocimiento muy profundo (y casi siempre de primera mano) de todos los filósofos anteriores. De ahí que las obras de Aristóteles sean una de las principales fuentes sobre los autores presocráticos. Siempre dispensa un tratamiento muy crítico a las opiniones ajenas, con gran consideración pero con parquedad en los elogios. Aristóteles y Platón son posiblemente los dos pensadores que más han influido en la cultura occidental, tanto en lo que tiene de positivo como de negativo. Como señaló Bertrand Russell, todavía hoy es extraordinariamente arriesgado estudiar un tema de filosofía prescindiendo de lo que Platón y Aristóteles establecieron al respecto. De todos modos, el Aristóteles más valorado en los tiempos modernos es el naturalista. Sus observaciones de primera mano son extraordinarias y, en muchos aspectos, su obra biológica no será superada hasta el siglo XVIII, es decir, tres siglos después de Vesalio y Galileo.
Aristóteles distingue entre las cosas no engendradas y eternas y las cosas generadas y corruptibles. Entre las primeras se encuentran los astros y entre las segundas, los seres vivos. En una carta anterior ya hemos señalado la importancia de esta distinción y el modo en que perdura hasta la revolución científica. De hecho, Aristóteles cree que la percepción sensible no nos permite aclarar nada acerca del mundo de las estrellas, pero en cambio nos permite aprender muchas cosas de nuestro propio mundo. Además, se sorprende de que el hombre haya estado tan fascinado por el primer mundo y en cambio haya prestado tan poca atención al segundo. Puntualiza que una hormiga o un pulpo constituyen un dominio maravilloso en el que podemos descubrir infinidad de cosas que nos llevan a pensar que nada es casual y que todo obedece a una actitud para un fin (o, como diríamos nosotros, que todo tiene una función).
Aristóteles es fijista; es decir, en ningún momento supone que haya podido haber evolución biológica en el sentido que la entendemos hoy. De todos modos, ya hemos señalado que la transformación de las especies es una idea moderna, pero que algunos elementos importantes de la teoría de la evolución tienen precedentes en la antigüedad, como ciertas ideas de Anaximandro y de Empédocles. Pese a su fijismo, Aristóteles proporcionó sin saberlo una de las bases que permitieron establecer la teoría de la evolución. Se trata del descubrimiento del orden que subyace en la diversidad de los diferentes tipos de organización, desde los más sencillos a los más complejos. Es lo que los comentaristas llamaron «scala naturae», extraída del libro de Aristóteles sobre la «Historia de los animales». La naturaleza avanza lentamente desde las cosas inanimadas hasta llegar a la vida animal. de modo que resulta difícil establecer el límite entre lo que está vivo y lo que no lo está. Añade que entre las formas más simples de vida y por debajo de los animales más simples se encuentran las plantas inferiores. De acuerdo con estas ideas, se puede establecer una escala descendiente como la que te indico a continuación:
Hombre
Mamíferos
Ballenas y delfines
Aves
Reptiles y peces
Pulpos y calamares
Crustáceos
Insectos Moluscos
Ascidias
Medusas
Esponjas
Plantas inferiores
Materia inanimada
Hoy no podemos contemplar un esquema de este tipo sin ver en él una sugerencia de árbol filogenético. Aristóteles lo considera una especie de orden propio del mundo viviente, desde el hombre a los seres más simples.
El principio de la vida es la «psyche» y, en su obra «Del alma», Aristóteles establece una distinción entre las cosas sin «psyche» (apsíquicas) y las cosas con «psyche» (empsíquicas). La realidad del ser vivo es la «forma» y la materia es la«potencia». A diferencia de Platón, la idea no está fuera de las cosas sino dentro de ellas: es la «forma». Un ejemplo clásico es el bronce como materia y la escultura del atleta como forma dada por el escultor. En el ser vivo, la forma es dada por la «psyche». Durante el desarrollo embrionario, ya sea a partir de la semilla o del huevo, se produce el paso de la potencia al ser a través de una serie de estados imperfectos de la forma. Alerta: en esta idea del desarrollo embrionario como paso de la potencia a la forma subyace el principio de la teoría epigenética, de la que Aristóteles es un pionero.
Aristóteles no cree que la vida sea una propiedad inmanente de la materia, sino que se debe a la presencia de la «psyche». Por tanto, Aristóteles es vitalista, en oposición a los atomistas que son mecanicistas y partidarios de que la actividad es algo necesario, automático. En cambio, la actividad determinada por la «psyche» siempre está orientada a un fin. El finalismo o teleologismo es un rasgo característico del pensamiento aristotélico y aún condiciona muchas estructuras mentales de la ciencia actual, como el estudio de las funciones de los órganos y otras situaciones en las que decimos que una determinada parte o cosa sirve para algo. Para Aristóteles, el objeto de la ciencia sería conocer la finalidad de las cosas, es decir, explicar el mundo por medio de sus causas finales.
Todos los seres vivos tienen «psyche» y sin ella no hay «zoe». Ahora bien, la clasificación aristotélica de los seres vivos se basa en la existencia de diferentes tipos de «psyche». Los vegetales tienen un alma vegetativa que les da la facultad de crecer y reproducirse. En los animales hay un alma animal, que además les confiere las facultades de sensibilidad y movimiento. El hombre tiene un alma racional que a las propiedades anteriores añade la de la reflexión.
En los libros de Aristóteles no encontramos ninguna tabulación de su sistemática; ésta ha sido obra de sus comentaristas. Sin embargo es cierto que, a partir del criterio del alma y de los distintos tipos de organización, Aristóteles introduce una serie de distinciones adicionales que permiten profundizar en la comprensión de la diversidad. Creo que vale la pena hablar de ello con detenimiento. Lo haré otro día, teniendo en cuenta que esta carta ya es bastante larga.
Cordialmente,